Polémicas con obispos ultraconservadores

| 22 de Agosto de 2017 - 00:00

Téngase presente que desde inicios de la época republicana, en nuestra región, sobre todo en Colombia, hubo un clero ultraconservador, militante en política conservadora fanática, que tronaba contra el liberalismo, la masonería y el comunismo. A la postre, la reacción de un episcopado más independiente fue radical, prohibiendo al clero toda intervención en política, que para muchos incluyó erróneamente la Teología de la Liberación, que busca la transformación de la realidad, concienciando y empoderando al pueblo en sus derechos, contribuyendo a fundamentar una democracia participativa.

En tan limitado espacio solo podré hacer dos breves referencias de las polémicas que le tocó enfrentar, con obispos ultraconservadores, al arzobispo de mente lúcida y progresista, González Suárez, defensor de la paz, y que prohibía a sus clérigos que intervinieran en política partidista:

1.- Con el español, Fray Ezequiel Moreno, obispo de Pasto, Nariño (1896-1905), de la Orden de Recoletos de San Agustín, quien mantuvo una predicación  antiliberal, rechazando toda conciliación con el liberalismo. Tal prédica incidió en la conciencia de los católicos, sobre todo en medio de la guerra civil colombiana entre conservadores y liberales, denominada ‘de los mil días’ (17 octubre, 1899-21 noviembre, 1902). Ser conservadores era estar ‘en estado de gracia’ y ‘en condición de pecado’,  ser liberales. Para fray Moreno, la religión había que defenderla con machete y fusiles, si es necesario, y hasta se podía matar en defensa de la fe.

En 1896, tuvo un enfrentamiento con su vecino obispo de Ibarra, recién consagrado, monseñor González Suárez, de ideas avanzadas, que rechazaba la expresión ‘Dios y Patria’ de los enemigos del régimen liberal exiliados en Colombia; para González Suárez, primero era la patria.  

En otra ocasión, la polémica fue porque el obispo Moreno  amenazó excomulgar a los padres de familia del colegio Bolívar de Tulcán (Ecuador), si no retiraban a sus hijos de dicho plantel, porque su director, Rosendo Mora, era un profesor liberal, excomulgado. González Suárez defendió la jurisdicción ecuatoriana de su diócesis. La polémica fue a Roma y la Sagrada Congregación dictaminó que González Suárez tenía razón y se hizo la paz.

2.- Con el alemán Pedro Schumacher, obispo de Portoviejo, Manabí, quien, opuesto a la Revolución Liberal de Eloy Alfaro, se autoexilió en el sur de Colombia, a pocos kilómetros de la frontera, en Samaniego, lleno de exiliados ecuatorianos.

Este obispo fue uno de los eclesiásticos conservadores, que con mayor saña y porfía persiguieron a monseñor González Suárez, por escribir La Historia General del Ecuador, calificándolo de “ignorante, mentiroso, liberal, enemigo de la religión y una amenaza para los intereses católicos de la religión”.

Con apoyo  moral de Schumacher se publicó un libro contra “ciertos hechos referidos en el tomo IV” de su historia, libro que despertó las más encendidas pasiones. Sin embargo, el obispo historiador guardó absoluto silencio sin replicar. Solo al final de sus Memorias íntimas, por primera vez desvaneció todos los sofismas del obispo alemán.

Colofón: La simbiosis Iglesia-Política estuvo en los altares en 1992 en la celebración del 5° Centenario del Descubrimiento de América, con la canonización, por Juan Pablo II, del obispo Ezequiel Moreno, lo que está por replicarse en Colombia a principios de septiembre. (O)