Jueves, 22 Septiembre 2016 00:00 Columnistas

¿Partidos paramilitares?

Jaime Galarza Zavala

Mientras sigue sonando la bullanga armada en las redes sobre un supuesto plan correísta de organización paramilitar, algunos medios (por ejemplo, El Comercio, del 20 de septiembre) lanzan una información que no podemos pasar de agache: las declaraciones de dos excoroneles sobre su participación directa y activa en la política nacional.

En efecto, la crónica del diario abunda en la mencionada decisión y las razones aducidas para ello por el excoronel del Ejército Mario Pazmiño, y el excoronel de Policía César Carrión, dos ilustres desconocidos antes de la agresión yanqui-colombiana de Angostura, el primero, y de los hechos del 30-S el segundo. Dos partidas de nacimiento político envueltas en hechos de sangre.

Para despertar la memoria de los olvidadizos, se debe recordar que Mario Pazmiño era Director de Inteligencia Militar cuando el holocausto de Angostura, habiendo salido del cargo entrampado en hilos vinculados con  la embajada norteamericana y sus servicios de inteligencia, en tanto dos años después César Carrión se vio involucrado en los episodios del Hospital de la Policía, donde el 30-S permaneció secuestrado por los conspiradores que amenazaban con matar al presidente Rafael Correa. Carrión, que es abogado, ese día usaba bata de médico, en su condición de director del hospital. Ahora, los dos personajes han resuelto salir de una vez a la palestra política, entre otras razones, porque aducen que “las figuras que han dejado el uniforme y han llegado a espacios políticos no han representado ni defendido los intereses de la fuerza pública”; una sonora bofetada para notables exuniformados, como Lucio Gutiérrez o Paco Moncayo.

Que en nuestro lindo Ecuador cualquier Perico de los Palotes pueda aspirar a la participación en la política nacional es un derecho concedido justamente por la aborrecida Constitución de Montecristi, incluso si se “trata de empezar un liderazgo político”, como aspira abiertamente Carrión. Lo grave es que la intencionalidad de los dos personajes va más allá, pues se habla de incorporar a los miles de soldados y expolicías que hay en el país, lo que nos puede colocar ante un plan de estructuras paramilitares, tipo nazifascista, que puede terminar promoviendo una violencia interna que nadie sabe ni cuándo ni dónde va a parar. Es que resulta fácil suponer que organizaciones políticas jerarquizadas por exmandos militares y policiales encuadrarían a sus militantes bajo el famoso espíritu de cuerpo, tan nefasto en la historia del país.

Tan preocupante es la perspectiva de partidos paramilitares, que el propio exgeneral Paco Moncayo declara en la misma crónica: “El momento en que un exmilitar decide involucrarse en la política, debe dejar de lado su uniforme. Sería fatídico que en el país haya un partido que nazca de la Policía o el Ejército”. Con  el agravante, en este caso, de que uno de los aspirantes a líderes, Mario Pazmiño, es hoy nada menos que el flamante Director del Partido Social Cristiano en Quito.

Por otro lado, vale la pena traer a la memoria la historia reciente -y todavía viva- de los escuadrones de la muerte de Centroamérica, Brasil, Perú o Argentina, justamente organizados y dirigidos por expolicías y militares, armados y financiados por la CIA y el Pentágono. (O)

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