Martes, 22 Agosto 2017 00:00 Columnistas

Para entender el conflicto

Rodolfo Bueno

Hay momentos cuando el silencio es oro, cuando cualquier palabra resulta inoportuna independientemente del contexto en que es pronunciada. Esto sucede cuando los padres o los amigos o los hermanos se pelean. Duele, y mucho, porque solo queda esperar que el tiempo restañe heridas, permita a las aguas tranquilizarse y volver a correr por el viejo cauce, de donde nunca debieron desbordarse. Tal vez, lo más importante sea no irse por las ramas y encontrar el tronco común que viabiliza el altercado. En el caso de Ecuador, se debe partir de que sufre las consecuencias de la guerra que se da entre las grandes potencias.

La hegemonía que tuvo EE.UU. en el mundo occidental a partir de la Segunda Guerra Mundial se volvió universal luego de la disolución de la URSS y de la caída de las Torres Gemelas; este dominio se encuentra al borde de quebrarse como consecuencia del sin par desarrollo de China. Por otra parte, la superioridad militar de EE.UU. sobre China era apabullante y Rusia, heredera apetecible de la URSS, parecía fácil de ser tragada. Ambas razones dieron pábulo para que China y Rusia unan sus fuerzas para proteger sus intereses del poderío casi absoluto de EE.UU. Esta es la raíz del conflicto actual.

Como una guerra de verdad no iba a dejar títere con cabeza, EE.UU. desató contra estas dos potencias una guerra de nuevo cuño, llamada híbrida, cuyas secuelas sufre el mundo. Una de las batallas de esta guerra es la lucha por el control de los recursos, especialmente, energéticos. Por eso se da el precio irracional del petróleo, que afecta directamente a Rusia, pero también a EE.UU., Arabia, Irán y Venezuela. Rusia superó este problema gracias a que logró desarrollar su mercado interno; EE.UU. ha perdido billones de dólares, pero tiene medios para paliar la situación; Arabia mantiene el control de su población mediante una doctrina religiosa, el wahabismo, que permite cortar la cabeza de quien la levante; a Irán, la Revolución Islámica le da vigor para subsistir; Venezuela, gracias a la Revolución Bolivariana, ha logrado sobrellevar la crisis, por lo que Trump la amenaza con una intervención militar. En cambio, Ecuador sufre los coletazos de esta guerra. No tendría problemas mayores si el precio del petróleo bordeara su valor real, unos $ 100 por barril, pero como esto no se da, tiene un déficit fiscal que debe ser cubierto con el apoyo de todas sus fuerzas políticas, lo que está por verse.

Asimismo, Rusia y China impulsaron la creación del Brics, una especie de mercado común entre Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que de concretarse los haría indestructibles. Para acabar con el Brics, se ataca el eslabón políticamente más débil, Brasil. Por eso fue eliminada Rousseff del poder y se trata de impedir que Lula regrese a la presidencia de ese país. Para ello, se empleó el escándalo de Odebrecht, tipo de corruptela que es practicado a nivel mundial por todas las grandes empresas. ¿Por qué ahora? Pues para romper el Brics y garantizar así la hegemonía de EE.UU., hoy en peligro de ser quebrada.

Los problemas de Ecuador también son consecuencia de la guerra contra el Brics. ¡Ojo! No se defiende la corrupción, lo que se dice es que ha existido en toda época y lugar; además, que se la debe combatir siempre. Si los ecuatorianos comprenden que están en un barco que navega en las aguas turbulentas de una batalla campal desatada a nivel mundial, no se devorarán mutuamente y, luego de organizar su economía y sus finanzas, tendrán la posibilidad de sacar provecho del delicado momento que se vive. Así es que, a arrimar el hombro. (O)

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