Origen de la corrupción moderna en Ecuador, América Latina y el Caribe (2)

- 15 de Julio de 2017 - 00:00

El segundo objetivo de la Alianza para el Progreso en lo ideológico, como parte de la guerra fría en América Latina y el Caribe para contrarrestar la influencia de la Revolución cubana, fue controlar a la población a través de los contenidos de los medios de comunicación, principalmente de la televisión. El país que se escogió como ‘conejillo’ para experimentar los impactos de la televisión en la educación y la población fue El Salvador. Ya antes lo habían realizado en Samoa en 1964 y lo querían extender en América Latina. “En 1967 los presidentes latinoamericanos se reunieron en Uruguay con el presidente de Estados Unidos Lyndon Johnson.

En la reunión los asistentes se comprometieron a trabajar en aras de la modernización de la vida de América Latina... Lyndon Johnson estaba convencido de las virtudes de la televisión educativa y había propuesto un proyecto piloto en América Latina para poner a prueba el potencial de la televisión educativa para acelerar el desarrollo de la educación. La nueva tecnología parecía tener gran promesa y El Salvador, con su tamaño compacto, con un sistema de transporte relativamente bueno, densa población, y uso relativamente universal del castellano, parecía el país ideal para el plan piloto que Johnson tenía en mente”. (La televisión educativa en El Salvador como proyecto de la Teoría de la Modernización, Héctor Lindo-Fuentes, Fordham University).

Johnson anunció un donativo de $ 653.000 que como se concebía como un ‘proyecto piloto’ la AID decidió darle seguimiento riguroso de investigación y para el efecto se contrató al Instituto de Investigación de la Comunicación de la Universidad de Stanford. La investigación duró cuatro años. Luego con la ‘ayuda’ de la AID, aportaron 11 millones de dólares en donativos y créditos, 5 millones del Banco Mundial y 2 millones de otros se hicieron los primeros pasos en tiempo récord. Los investigadores de la Universidad de Stanford se dieron cuenta de que la TVE era mucho más que introducir una pieza de equipo electrónico en el aula.

Ya no se veía a la educación como un instrumento de formación humana como lo soñaron los pensadores de la ilustración en los siglos XVIII y hasta principios del siglo XX sino como una herramienta para el desarrollo. Debían estudiar tan solo los que se necesitan como capital humano como lo pensaban Theodore Schultz y posteriormente Gary Becker. El resto de la población había que controlarla. La televisión se introdujo en El Salvador cuando las presiones sociopolíticas aumentaban con rapidez. No es casual que en aquella época apareciera la televisión en algunos países, entre ellos Canal 2 en Ecuador.

Al garrote como instrumento político se sumaba el pan, el narcótico edulcorante hipnotizador de la televisión. Los estudios decían que los que reciben un estímulo de la televisión eran “menos conservadores, le daban valor al éxito, eran más independientes, sentían menos respeto por la autoridad y le asignaban menos importancia a la familia”, en resumen, dice Lindo-Fuentes, estaban dejando atrás a la sociedad tradicional para conformar una sociedad más moderna. Lyndon Johnson expresó a los presidentes de Centroamérica: “Es extraño que aquellos países que tratamos de ignorar porque son dictaduras parecen ser nuestros amigos más cercanos y confiables y serán los últimos en abrazar al comunismo”. Entre los países a los cuales se refería citó a Brasil, Paraguay, Nicaragua y El Salvador.

La televisión desde entonces se la utiliza principalmente para la destrucción de los valores, impulsar el individualismo, el éxito comercial, la disminución del espíritu crítico, crear el pesimismo y el derrotismo, prevalecer las noticias negativas, idealizar a la violencia y al machismo, hacer sentir miedo a la población, incitar al consumismo, hacer creer que el que más tiene más vale, aceptar el statu quo, en definitiva, corromper a la población. (O)