Operación encubrimiento

- 14 de marzo de 2017 - 00:00

Borja odiaba el narcotráfico y soñaba con eliminar de raíz este mal; cuando fue electo presidente, Ecuador se había transformado en un exportador de droga, lo indicaban las capturas de toneladas de cocaína de producción nacional. A veces, los barcos que la transportaban la arrojaban al océano antes de ser capturados y después los pescadores la extraían con sus redes y la vendían a buen precio a los narcotraficantes.

El operativo contra la mafia de la droga se realizó cuando César Verduga era su ministro de Gobierno, él textualmente declaró: “¡No pueden imaginar cuán enraizado estaban estos malandrines en las más importantes instituciones del Estado! Debe haber muchos bancos donde estos y sus testaferros mantenían dinero y hacían transacciones.

Con respecto a las acusaciones vertidas contra los políticos, en el sentido de que habría aportes gigantescos para las campañas electorales, se procederá basándose en documentos y declaraciones que así lo testifiquen... En el momento oportuno se entregará la información acerca del caso”. Hasta el sol de hoy se espera ese momento oportuno.

El operativo fue sorpresivo y mereció la atención constante del público. Nunca antes se había efectuado una operación policial tan bien lograda, aunque por sus resultados resultara magra. Porque, a pesar de que se halló evidencia de que el narcotráfico era poderoso y sobre la envergadura de las organizaciones mafiosas; a pesar de que por unos pocos días el sistema quedó desnudo como el rey del cuento de Hans Christian Andersen; a pesar de que se supo que toda la alta burocracia estaba metida hasta el cogollo en el hecho ilícito y se comprobó la existencia de un amplio maridaje para cobijar todo tipo de truhanería, que destapó la estructura del poder político y económico de la sociedad; a pesar de que se conoció una ilimitada información sobre los bancos, el monto de las operaciones, los números de cuentas y el nombre de los dueños, por razones poco lógicas algunos bancos fueron espulgados levemente y otros tratados con severidad; a pesar de todo lo antedicho, fue hallado solo un culpable, que sirvió de chivo expiatorio, los demás siguen ostentando el halo de virtuosos beatos que podrían ser santificados por el Vaticano.

¿Por qué no se preguntó cómo se movieron cientos de millones de dólares sin que nadie se percatara? ¿Qué pasó con la información financiera, política y bancaria? ¿Se la escondió para perjudicar a unos y favorecer a otros? ¡Qué no sería posible en este cambalache de perdón y olvido, resultado de la corrupción de la ley y la justicia! La estulticia llegó a su cúspide en un Estado incapaz de digerir una presa tan grande.

Luego salieron con el cuento de que la investigación sería solo policial sin que intervenga ninguna comisión. La traducción de este metalenguaje burocrático es simple: solo el Gobierno conocerá la información y la utilizará según su interés. O sea, ocultaron las pruebas y evaporaron casi todo lo revelado. ¿Qué hubo detrás? Los vínculos de la droga con cierta gentuza, pues el Gobierno no podía permitirse el lujo de enlodar a estos ‘honorables caballeros’.

Ecuador, en tus manos está evitar el retorno de los buitres hambrientos, con tu voto consolida la democracia. Que tu decisión sea salvar el porvenir. (O)