Miércoles, 17 Mayo 2017 00:00 Columnistas

No soy tu negro

Juan Montaño Escobar

Este jazzman hace el préstamo epigráfico al director del documental I Am Not Your Negro, Raoul Peck. Un concentrado filosófico (enzumacao, se diría en habla cimarrona) del escritor James Baldwin sobre la sociedad estadounidense, pero con alcances sustanciales en estas Américas sociales y culturales. Es tan de acá, que el día de la entrega de credenciales, una asambleísta recién electa por cierto partido de la derecha reaccionaria se autoproclamó la reina de los barrios de la ribera del río Esmeraldas.

Son barrios de mayoría negra. Ocurrió en Esmeraldas y su desparpajo es mayor que mi asombro. Se anuncia el retorno, de Panamá, de aquel expresidente que jodía con la cantaleta de “mis negros…”. No se confundan por los arcaísmos ni por la huida sincera de esta gente a tiempos de plantación (o haciendas), más bien hay que valorar su descaro racista.

Esta jam-session se mueve al tono de James Baldwin y los entrecomillados provienen de su ánima bendita. Con el Abuelo Zenón a una sola voz hubieran proclamado: “Nuestros antepasados no nacieron esclavos como nos dice la historia nacional (aún es obligación ministerial, ¡otro arcaísmo! JME), ellos fueron sometidos por la sociedad dominante de esa época”, Pensar sembrando/sembrar pensando con el Abuelo Zenón, Juan García Salazar y Catherine Walsh, p. 116. El pensamiento crítico se muestra en el pueblo negro con otra actitud. Se me ocurre una referencia (no se olvide, estas líneas tienen el axê del contrapunteo negro) a NWA o sea Negros con actitud (Niggaz with attitude), para desencadenar una gestión juvenil cultural y comunitaria. J. Baldwin arruina ese parnaso de la historia: “La historia no es pasado. Es el presente. Cargamos nuestra historia. Nosotros somos nuestra historia. Si fingimos lo contrario somos literalmente criminales. Yo doy fe de esto”. Raoul Peck respeta espíritu, literalidad y actitud en el documento cinematográfico. Y aquí también.

Un hermano se mandó una larga línea reflexiva y para saber que no me adormecía me tumbó la catedral del conformismo y la poca fe: “¿Cuándo crees que una mujer u hombre negros será presidente de Ecuador?”. En otras épocas más conservadoras la contrapregunta hubiera sido: ¿Qué? Con signos de grandísima admiración y descreimiento. Ahora es igual. El regaño fraternal de J. Baldwin nos alcanza: “El mundo nos ha definido a los negros como inferiores, y si ustedes lo creen el mundo habrá conseguido su objetivo: ustedes serán unos patriotas, unos militantes de las categorías impuestas”, El País (de España), 24 de julio de 1985. Coño, esos hermanos de los barrios de Los Ángeles soltaron los mastines para que muerdan pesimismos y conformismos negros americanos. Esa NWA es calle, academia, organización, tarima y palabra andante de la actitud filosófica de James Baldwin. Y nuestra.

Ese enfoque de ‘su’ propiedad nos hace objeto de ‘caridad misionera’ y llena de estiércol a siglos de estar construyendo el Ecuador o el país que sea. (O)

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