"No seré cuchillo de nadie"

| 17 de Agosto de 2017 - 00:00

La frase, pronunciada con fuerza y reiteradamente por Carlos Baca, fiscal general del Estado, da mucho que pensar, pues él no es un ciudadano común, sino la máxima autoridad en la investigación del delito y quien orienta a los jueces para perseguirlo y castigarlo. En sus manos se halla la investigación de los más grandes crímenes cometidos en lo que va del siglo XXI contra la patria ecuatoriana, su pueblo y su Estado en la forma de cohechos, sobornos, coimas, peculados, lavado de dinero, evasión de impuestos, enriquecimiento ilícito y asociaciones de grandes saqueadores de los bienes públicos.
 

Una maraña descomunal a ser desnudada por la Fiscalía General. Sentado muy orondo en medio de ese mundo del crimen se halla Carlos Pareja Yannuzzelli, alias ‘Capaya’. Delincuente prófugo de la justicia ecuatoriana que acaba de ser traído en avión expreso desde su refugio de Miami, donde se cobijaba bajo el ala amorosa de los hermanos Isaías, igualmente prófugos de la justicia ecuatoriana. Un retorno dignificante para el delincuente, que no estuvo esposado ni escoltado por policías, sino por el presidente de la Asamblea Nacional, José Serrano. Nada menos. Aquí le esperaba un gran despliegue mediático y solo faltó la alfombra roja. Justamente con la llegada de ‘Capaya’, el Fiscal pronunció su histórica frase: “Yo no seré cuchillo de nadie”, a la que se juntan estas otras expresiones: “... hay presiones sobre los fiscales que están investigando estos casos de corrupción... No voy a ceder a ninguna presión, actuaré en justicia, no perseguiré a nadie”. (EL TELÉGRAFO, martes 15 de agosto, pág. 02). Más claro no canta un gallo: esas presiones al Fiscal General son para convertirlo en cuchillo y que el cuchillo les corte la yugular a tales o cuales víctimas, previamente señaladas.

Cierto que al fiscal Carlos Baca le honra esta rotunda negativa a jugar el triste papel de verdugo, ¿pero contra quién o quiénes apuntan estos diabólicos designios? No puede ser contra el presidente Lenín Moreno, cuya cabeza pedían a grito pelado los camisas negras durante la campaña electoral. No puede serlo porque los representantes de estos y sus ídolos políticos forman hoy parte amable y democrática de los diálogos convocados por el presidente. Esperemos. En medio del tsunami político que se inicia con el arribo de ‘Capaya’ se verá con claridad hacia dónde se dirigen los cuchillos, quiénes son los emboscados que los afilan aquí y en Miami, y cuál es la finalidad del programado corte de cabezas.

Y hablando de la justicia ecuatoriana, no está por demás recordar algunos hechos clamorosos ocurridos en gobiernos anteriores. Por ejemplo, cuando ejercía su autoritario mandato presidencial, León Febres-Cordero sitió a la Corte Suprema de Justicia con aparatoso despliegue militar demandando su renuncia, por no satisfacerlo en sus pretensiones judiciales. En otro capítulo de su nefasto mandato, el líder socialcristiano trajo de Venezuela a un prófugo de la justicia: el exministro del petróleo Galo Pico Mantilla, autor con Otto Arosemena de los sucios negociados del Golfo de Guayaquil, entregado al consorcio norteamericano ADA, por lo que fue sentenciado a 5 años de prisión, que no los pagó nunca. De retorno al país, el régimen socialcristiano lo premió concediéndole nada menos que el cargo de... ¡Presidente de la Corte Suprema de Justicia! Ahora los dirigentes de la derecha ecuatoriana se erigen en campeones de la anticorrupción y de la transparencia. Ver para creer. (O)