No más atentados contra nuestros patrimonios

| 18 de Agosto de 2017 - 00:00

No fue un día cualquiera; uno de los nueve pilares que sostiene la preciosa casa patrimonial en Guayaquil amaneció en el piso. Los vecinos se sorprendieron y temían que la casa se venga abajo. Más aún cuando comprobaron -por las evidentes huellas- que el pilar no se cayó solo, sino que su caída fue provocada con la intención de que la casa colapse.

No es una casa cualquiera, es la Casa del Cacao, el último lugar en pie donde se comercializó y secó cacao en el centro de la ciudad. La intención del Municipio de Guayaquil es que la casa sea derrocada y en su lugar se construya un teatrino, borrando así de la faz de la tierra no solo un período importante de nuestra historia sino también de nuestra memoria.

El olvido es, como sabemos, un cruel destino sin puerto. Casas patrimoniales -como la del cacao- se destruyen todos los días a lo largo y ancho del país. Hace poco, el Municipio de Loja, y su peculiar Alcalde, derrocaron -a golpe de pala mecánica y sin pudor alguno- no una, sino varias casas patrimoniales de su centro histórico. Para algunos alcaldes son apenas unas casas viejas que no merecen seguir con vida.

Grave situación que, lamentablemente, el Ministerio de Cultura y Patrimonio y el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) son incapaces de controlar y evitar, más aún con la reestructuración institucional que está en marcha. En el caso de Guayaquil, el Municipio sostiene que por el deterioro de la casa es necesario su derrocamiento, para lo cual incluso consiguió que una jueza emita una orden de demolición.

De su parte, el INPC emitió un comunicado, en el cual sostiene que el inmueble patrimonial no puede ser derrocado y, por el contrario, debe ser recuperado. El INPC propone el desmontaje técnico y la recuperación de la fachada, aunque está de acuerdo con que la estructura interna debe ser reconstruida.

En el caso de las casas patrimoniales de Loja, el INPC emitió un informe técnico, en el cual se obligaba al Alcalde a paralizar el derrocamiento e iniciar de inmediato trabajos de reparación y recuperación de los inmuebles. Pero -oh, sorpresa- una mañana las casas amanecieron demolidas. Así, día a día, se atenta contra el  patrimonio nacional.

La diferencia con el caso de la Casa del Cacao es que un grupo importante de ciudadanos ha protestado y ha salido a la calle a defender su legado patrimonial. Cada vez son más los guayaquileños que defienden su conservación y están dispuestos a seguir con sus manifestaciones hasta que el Municipio acepte la recuperación, y puesta en valor, de la casa.

Recordemos que las competencias patrimoniales pasaron ya -en 2015- a los gobiernos municipales. Es más, la propia Ley Orgánica de Cultura obliga a los municipios a crear departamentos patrimoniales dedicados a la preservación y cuidado de sus patrimonios. Pero apenas son excepciones los gobiernos locales que lo han hecho. La mejor forma de defender nuestros patrimonios es su ciudadanización. Es decir, somos los ciudadanos quienes debemos tener plena conciencia de la necesidad de preservarlos, y así obligar a las autoridades, nacionales y locales, a que cumplan con la ley.

¡No más atentados contra nuestros patrimonios! Que los crímenes patrimoniales no queden en la impunidad. (O)

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