Viernes, 03 Marzo 2017 00:00 Columnistas

No a la violencia y a la demagogia; sí a la decencia y a la honestidad política

Pablo Salgado Jácome

Mirar al candidato Andrés Páez, megáfono en mano, gritando y llamando a la violencia;  mostrando supuestas “pruebas” –todas falsas- y ordenando al Vicealcalde de Quito que cuide los autos mal parqueados, no es sino el calco exacto de las tácticas de la oposición venezolana. Mirar a Páez es mirar a Leopoldo López; el mismo discurso del fraude, la misma agitación, la misma incitación a la violencia.

Sin embargo, los resultados electorales del pasado 19 de marzo son contundentes; una clara victoria de Alianza PAIS.

Por ello  de lo que se trata es de ocultar los resultados, o al menos de minimizarlos. Así, la oposición puede generar en el país la sensación de victoria; de perder pero ganando. Y sí, para la candidatura de Guillermo Lasso pasar a una segunda vuelta es un triunfo. Tener una nueva oportunidad es una victoria, más aún cuando por apenas unas décimas el candidato Moreno no superó el 40%. El triunfo de Alianza PAIS es tan rotundo que logra, de nuevo, mayoría en la Asamblea Nacional. Es más, nueve de los candidatos de AP obtienen más votos que Guillermo Lasso, quien apenas ocupa el décimo lugar. Además, por supuesto, del más de un millón de votos  con los que el candidato Lenín Moreno supera al candidato banquero.  

Y es muy decidor que la mayoría del pueblo ecuatoriano dijo ‘No’ a los candidatos que más gritaron y atacaron al gobierno: Lucio Gutiérrez –la lápida para Sociedad Patriótica-; Jorge Rodríguez, Ramiro González, Gonzalo Ortiz, César Montúfar, Enrique Ayala,  Lourdes Tibán, entre otros. Para la segunda vuelta, la derecha no escatimará gasto alguno –a pesar del control electoral-  y –como ya sucedió en Argentina- ofrecerá todo lo que pueda, acusará y denunciará sin pruebas y negará el pasado del candidato Lasso y sus vínculos con el feriado bancario. Intentará convertirlo en banquero bueno y pondrá –con seguridad- el ventilador en marcha.  

No podemos olvidar la historia personal de Guillermo Lasso, que es una mezcla de intereses particulares, familiares y ambiciones empresariales, bancarias y políticas. Ese juego de intereses como presidente del Banco de Guayaquil, de la Asociación de bancos, vocal de la Junta Monetaria y Superministro de Mahuad provocó ganancias extraordinarias a costa del dolor de miles y miles de ecuatorianos, que sufrieron la incautación de 2 mil millones de dólares en depósitos de pequeños y medianos ahorristas.

Lasso es el candidato no solo de la banca, de la derecha neoliberal y más conservadora, sino de los medios de comunicación comerciales convertidos en sus grandes aliados. Actores políticos    -presentadores y periodistas- que no se cansarán de ofrecer sus espacios a cuanto opositor quiera atacar al gobierno y al candidato de AP.

Recordemos que en esta primera vuelta, la presencia en medios de comunicación privados –que no independientes- del candidato Lasso fue del 80%, mientras que el restante 20% fue para Lenín Moreno. Cifra que no sorprende, pues las victorias electorales de AP y Rafael Correa han sido siempre a pesar de los medios de comunicación privados.   

Así, ojalá la segunda vuelta no se convierta en una cadena de mentiras y agresiones, de ofrecimientos cargados de demagogia. Ojalá las redes sociales dejen de destilar odio y amargura. Por el contrario, que la segunda vuelta sea la oportunidad para dialogar, para prometer lo que el país  necesita y se puede cumplir; para mejorar lo alcanzado. Que sea la oportunidad para la decencia y la honestidad política. Es lo que la mayoría de ecuatorianos anhelamos. (O)

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