Navidad, ciencia y creencias

| 24 de Diciembre de 2016 - 00:00

En la Navidad se recuerda el nacimiento del niño Jesús y se respira un sentimiento de bondad y generosidad, de solidaridad con los demás. Ciertas creencias tienen magia, fantasía, ternura, por eso son útiles, bondadosas, como la poesía, pero no es posible olvidar las guerras que aniquilan barrios enteros matando adultos y niños en otras partes del mundo, y que se alimentan de la ciencia y la tecnología respaldadas por grandes negocios de venta de armas con fuerzas oscuras que las propician.

La relación entre ciencia y creencias tiene larga historia, desde los notables aportes de los griegos, y particularmente desde el apogeo de la demostración de evidencias científicas tanto del cosmos como del cuerpo humano y la naturaleza en el Renacimiento del siglo XVI. Fue la separación de las verdades religiosas de la fe, como creencias, de las verdades científicas demostrables de la razón, como ciencia. Los dogmas subjetivos fueron enfrentados con las evidencias objetivas. Pero, así como la religión cultivó los afectos y sentimientos, cualidades del alma, olvidando los valores y virtudes de la naturaleza y sus cuerpos, la ciencia estudió estas solo con la lógica de la razón, olvidando los valores y virtudes de los afectos y los sentimientos.

Además, la ciencia desarrolló la tecnología y con esta las más variadas mercancías para la acumulación económica, y en ese contexto apareció la fabricación de las armas, una de las industrias más productivas del capitalismo. Las guerras entre creencias, entre países y religiones, de católicos contra protestantes (Irlanda), islamistas contra judíos (Israel y países árabes), cristianos contra islamistas (países del este europeo), se alimentaron de ciencia y tecnología.

La ciencia busca explicar la naturaleza y la sociedad, las creencias se resisten a estudiarlas porque Dios lo explica todo.  La religión no ha contribuido al bienestar de la humanidad, la ciencia tampoco. En nombre de dioses similares sus fieles pregonan las guerras y el odio. En nombre de la ciencia se fabrican las armas para esas guerras. Si antes la ciencia era ajena y diferente de las creencias, hoy le sirve mediante la tecnología. Hoy se hermanan.

El niño Jesús, y los profetas, originalmente del mismo Dios de judíos, cristianos y del islam, deberían renacer en estos tiempos de locura por el dinero, el petróleo, el oro, el poder económico para continuar con la dominación política respaldada por las creencias, la ciencia y la tecnología. Renacer para reiterar su mensaje de justicia y libertad. (O)