Viernes, 12 Mayo 2017 00:00 Columnistas

Mirar hacia adelante

Ilitch Verduga Vélez

La elección del nuevo presidente constitucional de Ecuador, Lenín Moreno -acontecimiento legal, legítimo, sin posibilidad de discusión-, estableció la perspectiva pacífica de nuestro pueblo de elegir el Gobierno central, sus autoridades máximas, mediante expresión de la soberanía del sufragio, consustancial, al libre ejercicio democrático. Los resultados de los comicios sustentaron emociones contradictorias: satisfacción por continuar la senda de progreso, trazado por la Revolución Ciudadana; turbación frente a insidias de ‘fraude’, cuyos causantes amenazaban incendiar ciudades, protagonizando actos insertos en accionares demenciales, algunos con ocurrencia rabulesca de una ‘antorcha de libertad’, con explícitas ganas de quemar el CNE. Varios de ellos en derroche de fascismo, creando ‘guarimbas’. Otros, despreciando garantías legales, con melancolía facciosa, urden viles lances desestabilizadores.

Parecido interés por dichos sucesos había en América Latina, en buena parte del orbe, no solo por conocer el desenlace electoral, sus triunfadores -en el caso el binomio Moreno-Glas- que vencieron todo, a todos, entendiéndose tales: la ultraderecha, la izquierda extrema, pasando por los patriarcas del amarre mediático, los poderes fácticos nacionales, foráneos, logrando una victoria electoral inobjetable. También el hecho político surgido del proceso eleccionario, que posibilitó la continuación del proyecto ideológico histórico que modificó la nación, génesis del cambio de época en la década ganada. Asimismo, demostró lo que puede un conglomerado social esclarecido, venciendo el influjo del dinero, las mentiras mediáticas.

Las mutaciones institucionales profundas, en el marco constitucional de Montecristi, lograron rectificar históricas e injustas estructuras. Son la mejor obra cívica ofrendada al país, que respondió con lealtad, eligiendo a Lenín y Jorge. Además, detuvo la ofensiva neoliberal continental en nuestra tierra, con la acción legal popular del voto. A diferencia del putsch palaciego en Brasil -paradigma de usurpación- contra el régimen de la presidenta Rousseff, que sigue demoliendo conquistas laborales, derechos socioeconómicos del pueblo brasilero, Ecuador venció complots, embustes abyectos, signos pendulares, que se creía insoslayables.

Al ganar por 14 veces, votaciones, consultas populares, mayorías en la legislatura, el movimiento PAIS mostró vigor aglutinador, capaz de enfrentar los retos más complejos del convivir social. No es un ‘partido único’, como afirman exfuncionarios neoliberales y algún obispo falangista. Aunque obviamente requiere programar la necesaria e imprescindible capacitación ideológica, para los millones de simpatizantes de todos los niveles educativos, culturales, sociales, el proyecto político ya es una realidad tangible. La enseñanza del proceso electoral dejó señales claras, imborrables.

La república cambió con ello, la arquitectura de una conciencia revolucionaria será realidad; la movilización de las masas populares, tras principios, objetivos concretos, que el programa de Lenín Moreno planteó a la patria -que será venturosa realidad en su mandato- ratifica que la gente no comulga con ruedas de molino, sino con la verdad, con accionar programado en su beneficio. El próximo 24 de mayo será una fecha inolvidable en el devenir de Ecuador, ese día, Rafael Correa entregará la jefatura del Estado al sucesor elegido por los ecuatorianos, Lenín Moreno Garcés. Los diez años de mando del presidente Correa, pletóricos de triunfos, constituyen un pasado inomitible.

La historia se escribe en futuro, sin olvidar el ayer; los fines, ideales que iluminaron la obra de la Revolución Ciudadana, continuarán siempre hacia adelante, sin la tentación estacionaria o regresiva que los poderes fácticos añoran. (O)

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