Sábado, 01 Octubre 2016 00:00 Columnistas

Ministerio de la Felicidad y la Tolerancia

César Hermida

Los Emiratos Árabes Unidos crearon hace poco un Ministerio de la Felicidad, la Tolerancia y el Futuro (EL TELÉGRAFO 19 07 16). Lo del futuro se refiere a la preocupación por la juventud, pero el futuro debe ser una preocupación por todos, incluyendo a los adultos mayores. La felicidad es en realidad una emoción, una profunda satisfacción, pero pasajera, es decir un sentimiento transitorio, que nace a partir de la tranquilidad que es más duradera y puede ser permanente. Cuando se pregunta ¿Cómo estás?, excepcionalmente se contesta ¡Feliz!, lo más conveniente, como sucede en Cuenca, es responder: ¡Tranquilo!

La tolerancia, no solo en estos tiempos políticos ecuatorianos sino siempre, es una cualidad que debe cultivarse y fortalecerse. Tolerancia, que significa comprensión y respeto, a la cultura, ideología, religión, ajenas. La agresividad de la intolerancia no permite el diálogo, genera disgusto e ira, y se torna un círculo vicioso, pues es fruto del odio. Tenemos una triste historia de intolerancia, desde la expulsión del islam y de los judíos de la Península Ibérica hace quinientos años, y la condenación y quema de símbolos ancestrales de veneraciones consideradas idolatrías en nuestra Abya Yala o nuestra América desde entonces.

La búsqueda de la felicidad debe ser la búsqueda de la tranquilidad sustentada en la equidad y la justicia, en la armonía entre los seres humanos y con la naturaleza. No se trata de producir solo en el plano económico los bienes materiales que generen riqueza monetaria.

Solo la intolerancia política nos hace negar la importancia del Ministerio del Buen Vivir, que, si bien muestra como tal los más diversos aspectos, que ciertamente forman parte del Sumak Kawsay propuesto en las Constituciones de Bolivia y Ecuador, no los sistematiza de una manera comprensiva y operativa. Entendido como la satisfacción de las necesidades humanas, individuales objetivas, culturales subjetivas y sociales como derechos, el Buen Vivir cobra relevancia.

El aporte andino de sus principios filosóficos (reciprocidad, complementariedad y correspondencia) y del Sumak Kawsay (sin pensamiento y sentimiento no hay vida, cuidar a la tierra como madre de todos, la vida es sana, la vida es colectiva, todos tenemos un sueño –de la vida armónica sin dominaciones ni subyugaciones-) es ya de enorme trascendencia para la academia y los servicios en el mundo.

Solo la tolerancia nos permitirá construir colectivamente una sociedad de la tranquilidad y la felicidad. (O)

ENLACE CORTO

Google Adsense

Google Adsense