Columnista invitado

Medios públicos y privados

- 17 de Mayo de 2017 - 00:00

“La premisa central del ideario de los medios públicos es que deben estar en el corazón de la vida democrática y actuar como pilar comunicativo de las diferentes necesidades de la democracia – diálogo, diversidad de ideas, construcción de identidades, tolerancia, y libertad de expresión.” (Unesco 2015, Martín Becerra y Silvio Waisbord).

Conforme a esta cita, el espacio de los medios públicos de comunicación (mpc) se encuentra definido, construir ciudadanía y trabajar en los elementos que constituyen una fuerte democracia. Sin embargo y en la práctica, son algunos los problemas que se presentan, así, sujeción al poder político que, siendo caracterizado por la alternancia, provoca cambios en su misión y operación, con probables distorsiones gerenciales.

En tal virtud, la independencia editorial pudiera estructurarse en función de un cuerpo asesor público/privado, con representantes de diversos estamentos culturales y educativos cuya estabilidad no dependa de períodos políticos y con una obligatoria rendición de cuentas sobre la gestión. También esta independencia es importante en la determinación de contenidos, tanto más que al decir de la Unesco: “si fueran (los mpc) una extensión de los intereses del gobierno, las emisoras públicas no podrían generar debates que critiquen a ese mismo poder…” Así como en el caso de los privados, “si fueran seguidoras obedientes de las reglas del mercado anunciante, las emisoras públicas no podrían, ni sabrían, ni lograrían ofrecer programas que presenten un abordaje suficientemente crítico de las realidades del mercado.”.  

En los mpc también existen graves problemas de financiamiento a consecuencia de su filosofía, si ésta es educar y formar con valores cívicos en función del interés público y no del lucro, pues, resultan inevitables los números rojos en el estado financiero. A menos que se intente forjar una red con la sociedad organizada, que nutra de contenidos y alivie el financiamiento de su operación, me refiero al sistema educativo, cultural, organizaciones de jóvenes etc. Esto nos lleva a que se requieran parámetros especiales de evaluación de contenidos, porque los mpc no dependen de utilidades financieras o cuantificación de audiencia para medir su éxito. En la experiencia europea existen “test de valor público” que usan empresas como la BBC, que bien pudieran servir como fuente de ideas posibles de aplicar en nuestra realidad.  

Ahora bien, es claro que la prensa pública y privada van hacia el mismo público con filosofías y contenidos diversos. Las dos también comunican noticias o hechos, por lo que tienen libertad para buscar y difundir información, como principio universal derivado de la libertad de expresión, la misma que, inclusive, protege una línea editorial ideológica o políticamente definida (opinión), sea ésta cual fuese. Sin embargo, para resaltar uno de los riesgos de este comportamiento, cito un informe de la Universidad de Texas: “…la expansión del periodismo militante en Estados Unidos, (provoca) que a mayor fanatismo e intolerancia expuesta por un medio, es mayor el fanatismo y la intolerancia asumida por sus televidentes, radioescuchas o lectores. Hay una suerte de retroalimentación, donde las audiencias tienden a buscar un eco de sus propias posiciones en los medios, y los medios se hacen eco de ese deseo de sus audiencias.”. Es decir, en este círculo vicioso las sociedades se están polarizando más, entre otras causas, porque nadie cumple el rol de conciliador de las posiciones encontradas que antes ejercía la prensa privada, mal o bien, pero lo intentaba, cooperando en la construcción de una agenda común y mínima en beneficio del país.

Finalmente, digamos que la opinión de los empresarios mediáticos sobre lo bueno o malo de un candidato o proyecto político, en relación al país, significa libertad de expresión. Sin embargo, no cabe invocar tal principio, cuando nos referimos a la ausencia de verificación, contrastación o contextualización en el hecho difundido como noticia. Mucho de esto vimos en el proceso electoral anterior, así como el sutil y recurrente “frame”, es decir, “…un enfoque determinado de la realidad, producto de una manera de seleccionar los hechos, los personajes, las imágenes o las palabras en las que se enfatiza la noticia.” (The Framing Theory.com).

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