Medios públicos en jóvenes democracias

- 06 de Mayo de 2017 - 00:00

Un interesante debate parece comenzar acerca del rol de los medios públicos: prensa, radio y TV en nuestro país. Se plantea la diferencia entre lo gubernamental y lo estatal que, al serlo, representa a toda la colectividad y debe manejar sus propuestas y contenidos con esa perspectiva. El clásico ejemplo es la BBC de Londres, sostenido por la suscripción de sus video-oyentes y de medios de comunicación de igual categoría, en países europeos.

En principio, el planteamiento parece acertado y lógico: el medio público no puede tomar partido por candidatos o gobiernos, en detrimento de otros y de los opositores, situación que se deriva de un posible alineamiento a rajatabla con la administración de turno. Vallejo inició en este diario la discusión y ello parece saludable. No lo es tanto poner -como lo hizo nuestro diario ayer- en calidad de referente a un controvertido periodista argentino, que en su país es considerado ejemplo negativo en lo ético y profesional.

Aparentemente, en el juego democrático que debe darse, los medios públicos deberían tender a la neutralidad en variados aspectos. Habría que preguntarse si ello se extiende a quienes, como articulistas, expresan con su firma y responsabilidad su opinión. En esa línea, los columnistas deberían responder a diferentes orientaciones, lo que redundaría en la pluralidad de voces que a través de los ‘media’ analizan la realidad nacional o internacional, lo que aportaría riqueza e interés a los contenidos y atraería un mayor segmento de lectores o radio-telespectadores.

Si nos adentramos en nuestra realidad, el panorama no es precisamente propicio a tal propuesta. En líneas generales, la gran prensa escrita, radial o televisiva está abiertamente alineada con la derecha del país, a veces a extremos lamentables. La objetividad brilla por su ausencia y la deontología es concepto desconocido para muchos.

En tales circunstancias, cuando los procesos de cambio en América Latina y, por tanto, en Ecuador, son objeto de un permanente y coordinado ataque mediático, vale la pena discutir con argumentos sólidos si la posibilidad de que los únicos medios -por ser públicos- que no responden a las empresas periodísticas, también sean canales de oposiciones, que no reconocen límites éticos en su alineamiento.

En algo con lo que estoy de acuerdo y que lamentablemente entre los nuestros no siempre se cumple, es que lo presentado tenga como sello identificatorio la calidad, y el propósito de que lo ofertado redunde en el mejoramiento colectivo. Particularmente, en la televisión hace falta programas culturales y un mejor y mayor contacto con personalidades democráticas al momento de  las entrevistas. Los noticieros requieren de mayor agilidad e información, pues a veces son repetitivos. Pese a ello, considero que su presencia constituye un gran aporte para la vida democrática de la nación.

Sería interesante que el nuevo Gobierno establezca con carácter honorífico un asesoramiento plural a los medios públicos, recordando que la mayoría de los ecuatorianos votó por un proceso de cambio. (O)