Sábado, 15 Octubre 2016 00:00 Columnistas

Más vale prevenir...

Melania Mora Witt

El sorpresivo resultado de la consulta en Colombia ha provocado una serie de reflexiones y comentarios. Votaron contra el acuerdo de paz no solo los seguidores de Uribe. El casi 60 por ciento que no acudió a las urnas también lo hizo por omisión. Averiguar las causas del quemeimportismo de tan amplio sector es una tarea pendiente.

Otra de las lecturas que se derivan es la escasa certeza que brindan las consultas que realizan las encuestadoras. La información que arrojan es -no solamente temporal-, sino que depende del sector consultado, del tipo de preguntas y de la amplitud de la muestra. Son manipulables, como han insinuado algunos comentaristas al referirse a las que en el segundo proceso electoral español auguraban el llamado ‘sorpasso’ de Podemos contra el PSOE; lo que, según esas interpretaciones, sirvió para asustar al electorado y crear mayores hostilidades entre las dos agrupaciones de izquierda.

En Ecuador estamos iniciando un proceso electoral. Las posiciones están casi definidas. Habrá dos candidaturas de derecha, una de centro que agrupará, al parecer, a muchos resentidos contra el Gobierno, y la de Lenín Moreno y Jorge Glas. Parecería que los resultados están cantados, tal como sugieren las encuestas, pero las experiencias ajenas deben enseñarnos a ser objetivos y no creer que la obra realizada por el gobierno de Rafael Correa bastará por sí sola y que, además, lleva ventaja por enfrentar a varios contendores.

Escribía un periodista de El País que las reacciones populares son hasta cierto punto impredecibles y dependen a veces de sucesos ajenos al razonamiento acerca del tema o la candidatura. Sin embargo, factores menos esperados pueden ser los que definan una elección.

El sacerdote brasileño Frei Betto, uno de los mayores exponentes de la Teología de la Liberación en Latinoamérica, al condenar el golpe parlamentario contra el gobierno de Rousseff, hace un mea culpa respecto de las razones que impidieron a través de los años en los que gobernó el PT, la conformación de una mayoría que permitiera cumplir el programa por el que el pueblo votó, evitando dependencias de partidos como el PMDB -el de Temer-, que no corresponden a la ideología del Partido de los Trabajadores.

A su juicio, lo que falló fue la capacitación política permanente, dirigida no solo a los sectores populares, sino a la clase media. Se permitió, dice Betto, que parte de la agenda de la burguesía brasileña se impusiera en el quehacer gubernamental. Esto desconcertó y alejó a los electores. En nuestro caso, es necesario profundizar la formación en los valores y principios en los que se basa AP.

Es imprescindible aprender de otras experiencias para no exponerse a resultados negativos que, en el caso de nuestro país, tendrían una repercusión regional, a más del retroceso histórico que supondrían. Aunque se explican a nivel del movimiento AP posiciones varias, la predominante debe ser la que lo identifica con lo mejor del progresismo moderno, el socialismo del siglo XXI. (O)

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