Jueves, 22 Junio 2017 00:00 Columnistas

Manta en el corazón

Jaime Galarza Zavala

En las últimas semanas se han desarrollado varios actos en distintas provincias para presentar la obra Bases militares norteamericanas en el mundo. Capítulo especial Ecuador, obra publicada por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, destinada a una distribución masiva y gratuita dentro del país y del exterior. Los actos de concurrencia más entusiasta y caudalosa se registraron en Manta y antier, 20 de junio, en Riobamba.

La tónica fundamental de esta saga patriótica ha sido una insólita explosión de sentimientos de ecuatorianidad, que puso en su centro un amor particular por Manta, asiento de la última base militar norteamericana, luego de las existentes en décadas pasadas; Salinas, Galápagos, Archidona y una especial, el Instituto Lingüístico de Verano situada en Napo y que tuvo características pseudoculturales-evangélicas, pero que cumplió un rol de espionaje a favor de las petroleras yanquis y del militarismo norteamericano.

El recuento de lo hecho por los militares norteamericanos en la base de Manta durante los diez años que permanecieron allí, de 1999 a 2009, suscitó verdadera indignación y condena a todo aquellos ecuatorianos, gobernantes o líderes políticos y locales que auspiciaron la instalación de ese enclave militar destinado a la guerra continental y mundial, que no a ninguna persecución real del narcotráfico y del terrorismo, como se prometió como pretexto para la entrega de nuestro territorio al Pentágono. En ese recuento se hizo notorio el reclamo de los pescadores de Manta por el hundimiento y desaparición de naves de pescadores por parte de los militares yanquis, con pretexto de buscar drogas o inmigrantes ilegales que intentaban viajar a Estados Unidos.

De allí vino la censura a quienes, a título de autoridades manabitas o líderes de esa provincia, auspiciaron el enclave colonialista mencionado, para hoy asomar como dinámicos defensores del expresidente Rafael Correa, cuando nuca lo apoyaron cuando él expulsó del país a la base militar norteamericana, lo que de paso demuestra el descaro de los caciques o pretendidos líderes regionales de nuestra patria, en este caso, de Manabí.

Ahora, bajo el flamante gobierno de Lenín Moreno, los elementos proyanquis se frotan las manos, convencidos de que la apertura democrática del diálogo puede permitirles afianzar sus posiciones favorables al imperio y, en último término, abrirles las puertas para nuevas concesiones comerciales, territoriales o petroleras. Solo que están perfectamente equivocados en ello.

Los mencionados actos demuestran que Manta está en el corazón de los ecuatorianos. Y no puede ser de otra manera, cuando esta obra se abre justamente con una cita del mensaje que el Viejo Luchador, nuestro Eloy Alfaro, dirigiera en agosto de 1901, en el cual estampó esta vibrante sentencia: “Ni una pulgada del suelo de la patria puede cederse a nadie, sin hacerse reo de parricidio. Nada de vender el territorio; nada de mermar la sagrada herencia que nos legaron los libertadores”.

Para finalizar, seguiremos aportando, seguiremos escribiendo para ustedes, que constituyen desde siempre nuestra razón de lucha. (O)

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