Lula: más pueblo, más acusaciones

- 09 de Septiembre de 2017 - 00:00

A lo largo de tres semanas Lula protagonizó el más formidable proceso de movilización y de formación de conciencia política que el país había conocido, con su primera caravana, hacia el nordeste de Brasil. Un mar de pueblo lo recibió en todas las 9 provincias de su región originaria, la que más ha cambiado a lo largo de los 12 años de gobiernos del PT.

Además de las 28 ciudades previstas originalmente, la caravana de Lula -en la que tuve el privilegio de participar- tuvo que detenerse en más de otras 50 veces, en medio de las carreteras, para que él se encontrara con la gente aglomerada espontáneamente frente a la noticia que corría de que Lula pasaría por ahí. Fueron finalmente cerca de 80 localidades en las que Lula tuvo que hacer cerca de 80 discursos, agarrado por el pueblo que lo quería tocar, hablarle, oírlo, tomarse fotos con él. 8 de los 9 gobernadores de las provincias recorridas por la caravana fueron buscar a Lula. Otros tantos políticos de derecha se han pronunciado por él, dado que nadie que esté en contra de Lula podría elegirse en las próximas elecciones.

Mientras la prensa internacional informaba la consagración de Lula, la nacional censuró las fotos de Lula en medio de pueblo, porque no tenía qué decir, frente a su fracaso en destruir la imagen del expresidente. Lula terminó el viaje “cansado, pero feliz”, como él dijo. Pudimos constatar la felicidad con que él enfrentaba el asedio popular y las demandas para que hablara en todas las localidades.

Se podría esperar reacciones de la derecha, después de su desconcierto y silencio frente al éxito de la caravana. Han acelerado el juicio en segunda instancia en contra de Lula, ya condenado -sin pruebas, con base en convicciones e indicios- en primera instancia. Se dan cuenta de que Lula seguirá con sus caravanas, anunciando las próximas para Minas Gerais y Río de Janeiro, intentan condenarlo más rápidamente.

Ni bien había terminado la caravana, con inmensa concentración en la ciudad de San Luis, en la provincia de Maranhao, la derecha desató su nueva ola de acusaciones en contra de Lula. Acusaciones del hijo de la familia Odebrecht, así como del exministro de Lula, Antonio Palocci, que después de estar preso durante un año y con larga condena, ha resuelto inventar acusaciones como le demandaban los jueces, para reducir su pena. Los medios se valen de esas nuevas acusaciones para intentar borrar los ecos de los viajes de Lula, así como habían censurado las fotos y la cobertura de la caravana. Anuncian la muerte política de Lula, de nuevo sin pruebas, solo basados en acusaciones de gente presa hace mucho tiempo, que cambia una disminución de la pena por declaraciones solicitadas por los jueces.

Las alternativas radicales que se presentan a Brasil -consolidación del golpe o elecciones democráticas- definirán el futuro del país por mucho tiempo y afectarán los destinos del continente. Son 14 meses hasta la fecha prevista para las elecciones presidenciales.

Mientras tanto, Lula prepara las nuevas caravanas. Antes irá de nuevo a declarar frente al juez Sergio Moro, el 13 de septiembre. Un nuevo cara a cara que Moro intentó evitar, convocando a Lula para una declaración a distancia, dada la pésima experiencia que tuvo el 10 de abril, cuando por primera vez tuvo que encarar directamente a Lula.  Pero este apeló a su derecho de declarar personalmente e irá de nuevo a Curitiba, acompañado por gran apoyo popular. Moro tendrá que encarar nuevamente la presencia, la fuerza moral, las palabras y los argumentos de Lula que, como siempre repite, ha probado su inocencia. Falta probar su culpabilidad a quienes lo acusan. (O)