Los que perdieron

- 07 de abril de 2017 - 00:00

Los resultados del balotaje electoral, del domingo pasado en nuestra patria, han confirmado el triunfo del binomio presidencial Lenín Moreno-Jorge Glas, reiterando la victoria popular en la primera vuelta electoral, lauros fundamentales para la Revolución Ciudadana, que permitirá a Ecuador continuar la obra redentora del proyecto exitoso, conducido por Rafael Correa, que continuará avanzando hasta lograr un país sin miseria ni exclusión, de todos, para todos. Los vencedores de la contienda cívica son, sin duda, el pueblo ecuatoriano, la Patria Grande.

Laureles, triunfales, acogidos con mucha simpatía por la humanidad progresista del planeta. Pero indudablemente hubo perdedores, que no son los votantes del candidato opositor, los que, por voluntad propia, en soberano ejercicio, sufragaron por la fórmula Lasso-Páez: militantes social-cristianos, populistas, socialistas, de Pachakutik, obnubilados por ‘regalos griegos’ del candidato banquero, conminados a votar por él, so pena de perder el pan, la sal. Los reales agobiados fueron los tripulantes del desvencijado vehículo del orden neoliberal, adoradores del oro imperial, gerentes del añoso establishment partidocrático. Junto a ellos, patrones inescrupulosos que amenazaban con despedir a las trabajadoras domésticas, a sencillos obreros, empleados, si retornaban a sus labores, sin fotografías del voto marcado para el pretendiente de la banca.

Renglón aparte, periodistas, difusores, presentadores, en delirio de mando, actuando con las entrañas, más que con la mente, olvidando sus propios principios deontológicos, decidieron por sí, ante sí, proclamar un vencedor en la puja comicial, con los datos de una encuesta a boca de urna, tres horas antes de que el organismo electoral, sustentado en la Constitución de la República, estableciera las cifras reales de la elección presidencial. Unos, defenestrados por los propios barones de la TV, insistiendo en convertir rumores en pruebas, para su propio fraude, también fueron batidos por la voluntad del electorado en este memorable evento.

Asimismo, los propiciadores de la violencia callejera, imitadores de guarimberos, motivados por capos, cobardes que al primer incidente escapan, dejándolos en la orfandad de la ofensa antidemocrática, mientras ellos sorben el licor de la impunidad, fueron igualmente vencidos. Aquellos que han amenazado con tocar las puertas de los cuarteles que aspiran a ruidos de sables deben evocar el 30-S, cuando un pueblo en las calles movilizado revirtió el golpe de Estado que unos cuantos afiebrados esperaban apoltronados en sus casas, mientras moría lo mejor de nuestra juventud: soldados, policías, estudiantes. A pesar de esos intentos golpistas desestabilizadores al libre juego democrático, cuyas falacias se fraguan en mesas ‘peluconas’, de conjuras viles, frívolas, expresión de espíritus ignaros, de igual modo, recibieron la derrota.

Irresponsables en redes sociales, donde la malignidad diaria tiene patente de corso, que, sin límites, emiten conceptos irreales, para difundir mentiras, embustes, sin recato alguno, para ofender la verdad, la ética, han tenido que sorber su descalabro. Los jefes partidarios que, en genuflexión oprobiosa concurrieron al ‘besamanos’ del Hilton, olvidando agravios vitales; otros, desde audiencias periodísticas -omitiendo agresiones emepedistas-, mostrando adhesión a la fanesca, bancocrática, recibieron el revés propinado del pueblo de Ecuador.

La sociedad ecuatoriana no está en disposición de aceptar dictaduras ni autoritarismos de nadie. Los empresarios deben continuar sus tareas de producir, ganar dinero pagando tributos; de similar manera, los políticos generando alternativas de progreso para los conglomerados sociales. Difusores de noticias entregándolas, editorialistas opinando con respeto al prójimo. Los banqueros en su sitio, promoviendo el crédito productivo, no ocultando los caudales. En suma, la nación entera respetando el orden legal constitucional que nos rige, sin importarles los titulares, los sucesos que las matrices mediáticas internacionales cotidianamente fabulan. (O)

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