Sábado, 05 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Los privatizadores

César Hermida

El socialismo moderno acepta la existencia del sector privado y su mercado, pero sostiene que el Estado debe controlarlos. Aquello es porque lo primero es el ser humano. Por eso, el Estado debe garantizar sus derechos. Para el efecto, debe fortalecer lo público, es decir, los servicios generales, de agua, electricidad, vías y medios de comunicación; y los sociales, de educación, salud, vivienda, bienestar social. Quienes esperan que los fondos públicos, para los servicios generales y sociales, se encaminen para producir beneficios al sector privado, desvirtúan los planteamientos socialistas.

Ser de izquierda significa compartir el principio de fortalecimiento de lo público y respaldar el papel del Estado para garantizar los derechos, en beneficio de la equidad y la justicia. A diferencia de ser de derecha, que es fortalecer lo privado para garantizar la acumulación económica de la sociedad de consumo.

En el contexto anterior, los privatizadores son los que nunca han planteado que los servicios sociales del Estado sean universales y sin costo directo, es decir, gratuitos, como la educación y la salud.   Se han quejado siempre de que el Estado no debe tener tantos funcionarios o empleados públicos, es decir, maestros, médicos, enfermeras, o policías, sino que el Estado debe disminuir su tamaño, obviamente en beneficio del sector privado. Los privatizadores son partidarios de las escuelas y colegios privados, de las agencias privadas de seguridad, de los servicios de salud mediante aseguradoras privadas, de prepago o de pago directo en las consultas u hospitales.

Los privatizadores son los directivos que se han empeñado en que los servicios que debe prestar el IESS se provean en consultorios y hospitales privados con fondos públicos. Son los directivos del IESS y del MSP que asignan igual número de plazas de internos rotativos o residentes a las universidades privadas (con pocos estudiantes) que a las públicas (con muchísimos más). Son los empeñados en que se cobren los servicios de salud o educación, o que se arrienden los aeropuertos, los puertos, y muchos de los servicios públicos a empresas con fines de lucro.

Los privatizadores nunca se preocuparon de cuidar, peor mejorar, los servicios públicos. Siempre quisieron que se deterioraran, que el Estado no invirtiera en ellos ni se preocupara de su operación, para que se vendan o arrienden a mejores precios. Esa era la política neoliberal, la de la larga noche, empeñada ahora en regresar para beneficio de los inversores, de la acumulación del dinero. (O)

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