Los planes de Gobierno: "Volver a tener primera dama"

- 31 de octubre de 2016 - 00:00

Ya se han escrito un sinnúmero de análisis sobre las “unidades” que han resultado estar pegadas con baba. Centros democráticos que no han sido ni de centro, ni democráticos. Unos que por más que hagan las sumas, no suman, se dividen y restan pero multiplicar no pueden. Otros que siguen con eso de yo “creo” pero pocos les creen, y peor aún si van recogiendo lo que otros van votando.

La vieja derecha con nuevo maquillaje que por la bravura no termina de encontrar quién les secunde. Por el sur del país y a la derecha, quienes han bailado con todos, los cuales se cansaron; casi no les queda ni pan ni pedazo; ahora ruegan a ver quién los recoge. Y la socialdemocracia, condimentada con los “rojos” que son más amarillos, y con un indigenismo que no se quiere cuadrar ante el general, porque quieren su candidata de florido lenguaje. Y los que decían que avanzan, pucha, solo retroceden.

En fin, lo mejor que se puede decir que es que son una mezcolanza total. Unos contra otros y a día siguiente todos juntitos. La vergüenza está en la incapacidad que demuestran de poder innovar la política. Es como regresar al Ecuador de la mitad de la década del noventa. Caderitas, buenas cinturas políticas; nuevas generaciones de políticos que son fiel calco de la vieja política. Ahora se ve que el cuento que anduvieron vendiendo de que “la ideología no importa” de que “no interesa eso de ser de izquierda o de derecha” los ha hecho comportarse con oportunismo, vanidad y ambición de poder.

La otra vergüenza está en que no tienen ni una pizca de programas de gobierno. No saben qué proponer. En algunos casos ya se nota el robo de ideas, plagio, etc., lo bueno es que todo queda en la esfera mediática y se puede comprobar quién propuso primero qué. Pero lo peor de lo peor está en qué ofrecen como propuesta para el país: “volver a tener una primera dama”. Ese es el sumun de la ideología, del centrismo, de la economía social de mercado. Tal es el disparate y la carencia de ideas que apuestan a que tener una primera dama, hará del Ecuador más incluyente con las mujeres. Así tendrá “más peso la familia”. Realmente es una competencia por quién es más decadente, disparatado, racista, misógino, homofóbico, sexista, etc., etc.

Ese es el Ecuador que proponen, donde el logro mayor para una mujer, para ellos, es que sea buena esposa, ama de casa, reinita, que dirija una fundación, haga caridad, beneficencia y sea una buena compañía. Así el escenario político-electoral se vuelve complejo no por la disputa de ideas innovadoras, propuestas de cambio para asumir nuevos desafíos, sino por banalidades casi tal cual la telebasura que día a día inunda este país. Y a eso se suma el fácil credo de confiar -no de analizar- en lo que dicen las encuestas.

Es casi el rosario electoral previo a las votaciones: rezando porque los números les favorezcan; casi casi cartomancia y numerología. Los votos se ganarán a pie, puerta a puerta, gastando las suelas de los zapatos; horas de diálogo; largos recorridos una y otra vez por todo el Ecuador. El país no necesita ni reinitas, ni damitas, ni caballeritos. El país requiere sólidos ciudadanos. Un Estado que garantice el ejercicio pleno de los derechos. Un país de futuro. (O)