Sábado, 12 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

Los malagradecidos, producto del analfabetismo político sobre la Revolución Ciudadana

Edmundo Vera Manzo

‘Malagradecido’ llamamos a la conducta ingrata de determinadas personas a quienes les molesta y se niegan a reconocer un favor, una ayuda recibida o un servicio público que ha sido realizado y garantizado por un gobierno o partido político, en este caso, por la Revolución Ciudadana, y que se explica como producto del analfabetismo político.

El malagradecido recibe una atención, un beneficio, de parte de sus padres, maestros, amigos o un buen servicio público como si fuera una obligación, un derecho, sin que sienta el deber ético con su conciencia y la entereza moral pública de expresar por lo menos gracias, devolviendo a los demás “la misma gentileza cuando sea necesario hacerla”. Para Immanuel Kant, hay personas que agradecen un favor o un servicio recibido y otros que jamás perdonan el haberlo recibido. La presencia de la persona o de la institución les recuerda el hecho y, sin que nadie les saque en cara,  no pueden  soportarlo en el fondo de su alma retorcida. Esos son los malagradecidos, personas que se les extendió la mano y terminan mordiéndola.

El analfabetismo político de los malagradecidos no les permite tomar conciencia de su situación. De los diversos analfabetismos: el educativo, tecnológico, digital, cultural, el peor es el político, y más grave cuando en nuestro país existen los cambios producidos por la Revolución Ciudadana sin ser valorados y tampoco reconocer las conquistas sociales alcanzadas, no saben hacer comparaciones de su situación personal con el pasado, hace diez años cómo vivían y viven los diversos sectores de la sociedad ecuatoriana, con lo que acontece en el resto de países de América Latina y los otros continentes.

Con el analfabetismo educativo no somos capaces de leer y escribir, con el analfabetismo digital no aprovechamos el océano de conocimientos que proporciona internet y las múltiples herramientas de comunicación electrónica, el analfabetismo tecnológico no nos permite obtener trabajos dignos, con el analfabetismo cultural no sentimos orgullo de los valores históricos que se tiene; con el analfabetismo político no nos damos cuenta del valor de los productos de la canasta familiar, de la situación económica, de los servicios sociales,  de los poderes que dominan y gobiernan a la comunidad y países.

De acuerdo con Bertolt Brecht: “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. (...) El analfabeto político es tan burro que se enorgullece e hincha el pecho diciendo que odia la política. No sabe el muy imbécil que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, el asaltante y el peor de los bandidos, que es el político corrupto y el lacayo de las empresas nacionales e internacionales”.

Muchos jóvenes y los llamados de la generación milenio se encuentran en el limbo encerrados en su mundo egocéntrico y sus sueños fantásticos. Bastantes adultos de diferentes edades viven preocupados de sus deudas con las tarjetas de crédito presionados por la sociedad de consumo. No se reconoce que casi todos tenemos mayores ingresos y servicios públicos que antes.

Creen que en el gobierno de la Revolución Ciudadana nos encontramos mal y su analfabetismo político no les permite conocer, comparar  y menos reconocer que nos encontramos mucho mejor que hace diez años, mejor que la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, superior a un tercio de los países europeos, mejor que la mitad de los países asiáticos y muy superior a casi la totalidad de los países africanos. Como no hay peor ciego que el que no quiere ver, solamente los analfabetos políticos y los malagradecidos no pueden reconocer la situación relevante del Ecuador actual en el contexto mundial. (O)

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