Los cuentos de Yachay

- 15 de Septiembre de 2017 - 00:00

Mis críticas a Yachay siempre fueron de concepto. Yachay, en ese ideal anglosajón del modelo académico sobre la creación de conocimiento, desde su filosofía y gestión nunca trascendió el neocolonialismo epistemológico, y se enfocó en competir en el mercado de la academia mundial. Ser el Silicon Valley de Urcuquí significa copiar un modelo que busca la generación de conocimiento en función de su capacidad de acumulación. Yachay entró a reproducir un patrón, no a cuestionarlo; entró al sistema, no a buscar una alternativa a este sistema. En fin, Yachay nació de la mente de un tecnócrata que no estaba dispuesto a discutir la ‘política’ del conocimiento (y la posición, como sociedad, que queremos tener sobre esta).

Pero todas estas críticas, más los culebrones de las reuniones por Skype, de los gestores que nunca están, los cincos rectores, del convenio con Halliburton, etc., se quedan cortas frente al último informe sobre las condiciones de la universidad, y del proyecto en general. Según Augusto Barrera, secretario de la Senescyt, las deficiencias del proyecto son entristecedoras: edificios sin servicios básicos, sin vías, aulas insuficientes para el número de alumnos, laboratorios no adecuados, inversión inexistente, entre otras. Todos estos males, vale recordar, envueltos en inversiones públicas millonarias, las cuales fueron resaltadas frecuentemente, tanto durante la administración anterior, como en la última campaña.

Lo que revela Yachay es una pista más para entender tanto los mecanismos de administración del Gobierno anterior, como la línea que busca el nuevo Gobierno (y el papel en el que se va acomodando mejor). Una de las declaraciones más reveladoras de Barrera sobre Yachay fue la manera en que, ante visitas oficiales y de medios, el complejo se adecuaba para que los visitantes siguieran la ruta de aquello que estaba listo. Se maquillaba Yachay para el público. Y esto es terrible. Es terrible porque Yachay fue la joya de la corona del Gobierno anterior.

Entonces, o bien no hubo nadie relacionado al proyecto desde el Ejecutivo, principalmente el anterior secretario de la Senescyt, René Ramírez, capaz de decirle al Presidente que algo no andaba bien; o el Presidente fue incapaz de asumir la crítica sobre un proyecto que estaba fracasado; o en la anterior administración el imaginario político de la perfección era más importante que la sinceridad y la responsabilidad hacia la ciudadanía. Porque, y este punto lo recalco de la misma manera que se lo enfatizaba en la propaganda gubernamental, Yachay fue una inversión millonaria. Cualquiera de los 3 escenarios (o el conjunto de los 3) es terrible. Muestran funcionarios más preocupados por mantener un puesto que por decir la verdad. Muestran a un presidente incapaz de asumir responsabilidad y aceptar la crítica. Muestran mucho engaño. El más grotesco, decir que se venían $ 3.000 millones en inversión, cuando no llega a $ 3 millones. Es decir, "se construyó una imagen que no corresponde a la verdad", como lo expresó Barrera de manera políticamente correcta. No cuesta mucho extrapolar esta condición a otros sectores.

Por otro lado, de manera mesurada, Barrera fue también claro sobre el plan a seguir. No es botar abajo todo el proyecto de educación superior de los últimos 10 años (resaltó el avance de las otras universidades), sino rediseñar a Yachay para que funcione de la manera en que debió funcionar desde el principio. Pero aquí se genera otra duda, y revela también la estrategia del nuevo gobierno. Porque, más que un cambio estructural y filosófico de lo que se implementó los últimos 10 años, se está enfatizando el cambio de formas, la búsqueda por enrumbar los proyectos desviados, y señalar a los responsables de estos desvíos (lo cual es importante, sin duda), pero no necesariamente replantearse el modelo de acumulación, el proyecto de país; el cambio que se buscaba, y se sigue buscando, a las relaciones de poder y la manera en que ese poder se lo ejerce. Todavía no llega, pero dudo que lo haga (aunque espero estar equivocado), un espacio para debatir lo que Yachay debería significar, lo que Yachay debería criticar, lo que Yachay debería construir. Todavía no se discute cómo vamos a revolucionar, si todavía queremos hacerlo, este pequeño espacio de mundo con una visión alternativa, desafiante, y más justa. Nuestra aproximación al conocimiento podría ser un buen inicio. (O)