Jueves, 17 Agosto 2017 00:00 Columnistas

Lo nuevo acerca de la pobreza

Antonio Quezada Pavón

Hay un drama en este mundo llamado globalizado y es que en Latinoamérica estamos mucho más adelante en salud, educación y recursos humanos de lo que estamos económicamente. Existe una discrepancia en lo que ha sucedido en nuestras economías emergentes. Resulta que ahora, los beneficios sociales y el progreso social han avanzado más que el progreso económico.

Por ejemplo, en 1957 Estados Unidos tenía el mismo tipo y nivel de economía que Chile tiene ahora (60 años de atraso para Chile); sin embargo, para 2002, Estados Unidos y Chile alcanzaron el mismo nivel de cuidados de salud. ¡Esto es asombroso! Y solamente un poco detrás de la salud está el nivel de educación. Y ahora hay mucha infraestructura y, por supuesto, desarrollo humano en nuestros países. Está claro que tenemos que mejorar también nuestra situación económica para que acompase y pague por las otras áreas que hemos crecido, y eso va también para Ecuador. Lamentablemente, mientras más ricos nos hacemos y crecemos en salud y educación, más contaminamos este planeta. No hay una sola economía en el mundo que haya mejorado en su economía, en salud y educación sin afectar al medio ambiente. Hemos convertido al mundo en un sitio sucio.

Lo cierto es que cuando eres pobre (y hay que serlo o haberlo sido para entenderlo), todo se reduce a sobrevivencia. De hecho, es obtener alimentos en primer lugar. Y lo único que conozco que convierte el brillo del sol en comida es la agricultura, y es a lo que deberíamos dedicarnos para salir de la pobreza y generar empleo. Pero se necesita educación para entender la tecnología y el conocimiento que son indispensables para acceder a los productos y a los mercados; cuidados sanitarios que mantengan saludable al campesino; la infraestructura que permita movilización hacia los consumidores; y el crédito que financie toda esta actividad. Y parece que es algo inalcanzable.

Veamos cuál es la meta para el desarrollo económico y cuáles son los medios para alcanzarlo. Empecemos con los medios para lograrlo. El más importante medio (desde mi punto de vista académico y empresarial) es lograr el crecimiento económico, el cual cubre 80% de todo lo que es sobrevivencia y nos saca de la pobreza. Pero, ojo, es un medio, no un objetivo. El siguiente medio es una buena gobernanza. Es decir, un gobierno que funcione. Les siguen como medios no tan importantes: la salud y los recursos humanos, así como el cuidado del medio ambiente, los derechos humanos y la cultura.

Vamos ahora con las metas. Y el dinero no es lo más importante. La riqueza como país no es una meta, pero es el mejor medio para lograr el desarrollo. Un buen gobierno tampoco es una meta, pero es bueno tenerlo. Ir a la universidad y educarse no es un gol, es un medio. Es agradable estar saludable (especialmente a mi edad) y deberíamos trabajar para obtenerla. Y muy cerca está como un objetivo el cuidado del medio ambiente, pues tenemos que dejar algo sano a nuestros herederos.

¿Qué queda entonces como los objetivos más importantes? Los derechos humanos son una meta, que puede no ser tan fuerte como medio para lograr el desarrollo, pero son necesarios para la sostenibilidad. Pero el objetivo más importante es indudablemente la cultura, personal, familiar y país. La cultura es aquello tan vital, pues permite disfrutar la vida. Es lo que da valor a la vida. Puede ser que esto descuidamos en la pasada década y confundimos medios para lograr el desarrollo, con las metas y objetivos. Le dimos a cada uno la importancia equivocada. Pues bien, estamos a tiempo para rectificar lo errado y mantener lo positivo. (O)

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