Lenín Moreno Garcés, el presidente

- 26 de mayo de 2017 - 00:00

Cuando un hombre como el nuevo jefe del Estado ecuatoriano, Lenín Moreno Garcés, ya posesionado por la Asamblea Nacional, expresa su pensamiento liberador, nos encontramos frente a aquel ser humano que fue capaz, sin desmayo alguno, de iluminar la existencia de miles de personas con discapacidad, organizando, dirigiendo la Misión Manuela Espejo durante su pasado ejercicio vicepresidencial.

La revolución, nacida de la alfarada decimonónica, luego traicionada en la ‘Hoguera Bárbara’, reiniciada en 2007 por Rafael Correa, está en buenas manos. Al jurar como Primer Mandatario de la Nación, planteó sus ideas progresistas, el cumplimiento de las ofertas de campaña, reiterando la imagen del dirigente inteligente, confiable, que el conglomerado nacional no se equivocó al elegirlo. Que además aspira a que nuestra patria continúe siendo la isla de paz, concordia, justicia, progreso, que el orbe admira. Implícito en su conducta es el lenguaje de un dirigente, fuera de la ‘fábrica de fango’, como Norberto Bobbio calificó las guaridas de aquellos calumniadores, infamadores de profesión.

Que todos participemos en la construcción social, que continúen los procesos de florecimiento de la patria, que la tierra se convierta en vida, el agua en energía, el aire en bienestar, el fuego en conocimiento, son tareas fundamentales del nuevo gobierno. Pacificar los espíritus será acción compleja cuando factores fácticos, dentro y fuera del país, envenenan las conciencias, crean la ficción de aspirantes a ‘socialité’, sin posibilidades de serlo. Repiten la fábula del asno y la zanahoria, como táctica ominosa de los peones imperiales, que perseveran en sus estrategias facciosas. Empero, debemos la aclaración democrática, superando debilidades temporales para aquellos segmentos de clase media, engañados, que nunca recibieron tanto, aportando poco, también para los escasos pobres, que receptaron mentiras. Es nuestra tarea identificar a sus reales enemigos: pobreza, enfermedades, ignorancia. Males que el nuevo régimen proseguirá erradicándolos.

Un personaje de la talla de Lenín Moreno, que venció graves experiencias existenciales, formado en lo humano, lo político, que su “ideología es el Ecuador”, capaz de horadar malignas estructuras, de alma sensible, fortalecida con la capacidad para trascender, honrará su juramento. Sencillo, sin tormentas interiores, alejado de cercos palaciegos. Él es hoy líder del pueblo, que ve, habla, siente, entiende la política como ejercicio del Buen Vivir, dispuesto a defender lo logrado en esta década ganada, construida por la gente, bajo inspiración del dirigente histórico, Rafael Correa.

No puede haber lugar para equívocos ni compulsión por estrategias que algunos consideren inamovibles, respetuosamente asumo que, en esta nueva etapa de la Revolución Ciudadana, su dirección, militancia, deberá estar consciente que el presidente Moreno Garcés ejercerá su liderazgo en el tiempo de su tiempo. El accionar gubernativo tiene variadas gamas de iniciativas para construir el devenir de una nación; asimismo, sufre las banalidades viles de los apetitos de poder. Los últimos diez años que compartieron Rafael, Lenín, Jorge, grandes conductores, sus pertinentes equipos, seguramente, vencieron obstáculos, fruto de la situación de un país agobiado, desmoralizado, que hasta 2007 mostraba severas heridas.

Las obras, realizadas por el régimen del presidente Correa, fueron titánicas, hubo necesidad de temple acerado para institucionalizar al país. Asimismo, los programas sociales requirieron estilo enérgico. Las conspiraciones de la mediocracia, ameritaron preocupación, el sabotaje sedicioso a medidas gubernamentales fue gravísimo. Evidentemente habrá un cambio de estilo de ejecución presidencial, pero recordemos la frase de Leclerc: “El estilo es el hombre”. (O)

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto: