Las otras elecciones; de la Casa de la Cultura

- 14 de abril de 2017 - 00:00

Aún no terminan las elecciones presidenciales y  ya estamos en otro proceso electoral, el de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión (CCE). La vigente Ley Orgánica de Cultura  establece que deben elegirse autoridades -ahora son directores-  en todos los núcleos provinciales, incluido el de Pichincha, y luego la Junta Plenaria elegirá al director de la sede nacional.

Desde hace un buen tiempo, la CCE ha mantenido una serie de desacuerdos con el Ministerio de Cultura y Patrimonio. Con la llegada del ministro Raúl Vallejo, muchos creíamos que, al fin, se podía mantener un diálogo inteligente y se llegaría a consensos, pues se trata de la institución cultural emblemática del país. Pero no fue así, incluso en plena campaña electoral mantenían un absurdo intercambio público de comunicados, cartas, respuestas, ruedas de prensa, memes, más cartas y más comunicados.

Todos coincidimos en que la principal necesidad de la Casa es una reestructuración radical para volverla eficiente. Y lo mismo para el ministerio. Hace falta un nuevo modelo de gestión y organización; una nueva matriz de competencias, nueva planificación con responsabilidades específicas. El propio Raúl Pérez dijo, al asumir la presidencia: “La Casa está enferma”. Sigue enferma y grave. Sanarla debe ser la prioridad. Mas aún si tenemos ya a un Presidente electo, el que deberá trabajar con esa nueva institucionalidad cultural.

Sorprende la cadena de errores y equivocaciones en los comunicados y acuerdos emitidos por el Ministro de Cultura; “múltiples incoherencias, contradicciones y posibles violaciones constitucionales”, dice la resolución de la Junta Plenaria de la CCE, del 16 de febrero.

Y no solo eso, sino también -como afirma el propio Raúl Pérez- la falta de palabra del ministro: “En Junta Plenaria el ministro nos dijo que nosotros debíamos elaborar el reglamento. Pero a los tres días nos envía un reglamento elaborado por el Ministerio, cuando no le corresponde”. Y tampoco le correspondía convocar a elecciones, sino a la propia Casa de la Cultura.  

Y lo mismo sucedió con el calendario electoral; el Ministerio envió un calendario, apretadísimo, que -según la CCE- “era inejecutable y violentaba los derechos constitucionales”. Además, el ministerio les puso una fecha, el 3 de marzo, para que se creara el Núcleo de Pichincha, cuando la ley le concede a la CCE un plazo de hasta 90 días.

Y lo mismo sucedió con el Registro Único de Artistas y Gestores Culturales (RUAC), una herramienta técnica tan necesaria para el país que el ministerio la convirtió en padrón electoral. Abrieron la inscripción sin ninguna norma técnica. Y cuando la crean -por reclamo de la CCE- incluyen como artistas y gestores a “los comerciantes dedicados a la venta al por menor de discos y cassettes, DVD y hasta a quienes venden CD en blanco”. Por citar solo un ejemplo. Y excluye a quienes se gradúen de directores de teatro, escultores, grabadores o ceramistas.  Por lo que, otra vez, la CCE pidió “la revisión y reforma de la norma técnica”.

Al final, se impuso el sentido común. Se derogaron los acuerdos ministeriales 007 y 010 y la Junta Plenaria de la CCE  aprobó un calendario electoral razonable; el pasado 11 de abril terminó el plazo de inscripción de candidaturas y las elecciones, en los núcleos provinciales, serán el 5 y 6 de mayo.

Ojalá el resultado de estas elecciones permita no solo cambiar de autoridades sino que -en verdad- sea el inicio para una renovación, real y efectiva, de la institución cultural más importante del país. (O)

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