La victoria de Cristina de Kirchner

| 18 de Agosto de 2017 - 00:00

Cristina de Kirchner salió airosa de las recientes elecciones primarias. No nos referimos a que haya ganado la elección en provincia de Buenos Aires, si bien parece que ganó tal elección (que implica el 38% del padrón del país). Nos referimos a algo más decisivo: tras una persecución enorme en su contra, tanto en lo judicial como en lo mediático, librando ella una desigual batalla en completa adversidad, con escaso dinero para la propaganda electoral, con periodistas -o que pretenden serlo- dedicados por meses y meses solo a la injuria enconada, permanente e interminable hacia su persona, ella ha mostrado que está a la altura.

Que no ha ido a su casa a refugiarse. Que no se ha rendido. Y, sobre todo, que sigue teniendo un enorme ascendiente sobre un amplio sector del electorado argentino, el cual no se deja llevar por interesadas (y a menudo falsas) acusaciones de corrupción, ni acepta la narración insólita según la cual un gobierno exitoso durante 12 años estaba de pronto al borde de un improbable colapso económico, lo que es tomado por el macrismo como excusa para su política ajustadora del gasto público.

Así y todo, el Gobierno montó un show televisivo, presentando solo las mesas escrutadas que lo favorecían: los argentinos se fueron a dormir creyendo que había ganado el macrismo, el cual festejaba ruidosamente su presunto triunfo con globos y bailes cuidadosamente preparados para exhibirse. A hora del desayuno, el Gobierno había ganado en capital -por muy amplio margen- y en Córdoba, pero había perdido en Santa Fe y en provincia de Buenos Aires. O, como dice el Gobierno, hubo ‘empate’ en esa última provincia, donde los votos a Cristina subían y subían en los sucesivos cómputos, de modo que el conteo ha sido interrumpido hasta dentro de más de una semana.

El procedimiento electoral fue entregado a una consultora donde es hoy directivo un exdirectivo de Socma, la empresa de la familia Macri. Esto había despertado prevenciones de parte de sectores opositores, al punto de que el bloque de diputados kirchneristas hizo una conferencia de prensa para alertar al respecto. Y las expectativas, lamentablemente, fueron confirmadas. El manipuleo de la publicitación de los votos fue evidente, hecho para dar la impresión de un triunfo mayor del que el oficialismo obtuvo en varias provincias. E incluso tal irregularidad ha llevado a algunos a conjeturar la posibilidad de fraude, en tanto habría algunas mesas donde Cristina de Kirchner sacó cero voto, y hay testimonio de quienes la han votado en esas mesas.

El movimiento nacional y popular está vivo en la Argentina. Con todo el aparato del Estado en contra, con casi todos los medios en contra, con parte importante del Poder Judicial jugando en contra, con campañas interminables sobre pretendida corrupción -surgidas desde un gobierno que tiene más de 60 causas iniciadas en tribunales por sus propias acciones-, con insultos y agravios permanentes en su contra en los medios y las redes sociales, el movimiento que lidera Cristina está vigente y entero.

Difícilmente quienes lo atacan hubieran soportado la décima parte de estas situaciones, pero es cierto que cuando uno apuesta con los de abajo, asume riesgos diferentes.

Se ve que los pueblos no desaparecen ni se suicidan. Pueden perder una batalla, incluso varias. Pero no renuncian a la dignidad y la autodefensa. Y esto se está notando en Argentina. Cristina puede salir primera o segunda en estas elecciones y en las de octubre. Da igual. En ambos casos está viva, fuerte, mira de frente y lidera una fuerte corriente política y ética de la población argentina. (O)