La universidad no es una tabla de salvación

- 20 de junio de 2017 - 00:00

El que 170.000 jóvenes no hayan pasado la prueba Ser Bachiller muestra la persistencia de los problemas de formación en la educación básica y media.  Pero no es la universidad la llamada a resolver por sí sola este dilema estructural que hace relación a la integralidad del sistema educativo. Enfocar a la educación superior como la tabla de salvación de ese bajo nivel de formación y de un sistema productivo incapaz de absorber la fuerza de trabajo disponible, la llevó a la profunda crisis evidenciada en el informe del Mandato 14 (2009).

Ciertamente es legítima la preocupación por el acceso. De hecho, el Plan Nacional del Buen Vivir estableció como meta el aumento al 50,5% de la matrícula universitaria entre 2013-2017. De acuerdo con el ex Secretario de Educación Superior, la Tasa Bruta de Matrícula (TBM) estaría a 2017 en 41%, lo que significaría un aumento de 15 puntos respecto a  2008. Pero no llegaría a la meta, quizá porque esta desconsideró las contradicciones entre las exigencias de calidad y los problemas de integralidad del sistema educativo en el acceso.  

Hoy este se está planteando como un problema de cupos. De acuerdo con cifras oficiales, existirían 251.000 cupos ofertados por las universidades públicas y privadas frente a una demanda anual de aproximadamente 250.000 aspirantes. Pero anualmente no se utilizarían alrededor de 65.000 cupos. El problema, entonces, no estaría solo en la disponibilidad de cupos. Por lo menos no en todas las áreas de conocimiento.

Por otra parte, la ampliación de cupos debe garantizar calidad, esto es óptima capacidad instalada para recibir a los  estudiantes (aulas, laboratorios, docentes, etc.). Lo que implica ingentes recursos. Porque no se trataría de volver a las condiciones de 2008, cuando las IES registraban 166 alumnos por docente a tiempo completo, siendo el estándar mínimo de calidad 30 estudiantes por docente TC.

Pero el tema del acceso va de la mano del de la titulación. El informe del Mandato 14 registró una Tasa Bruta de Graduación (TBG) del 3,5% a 2008. Un rector de una IES pública decía en 2013: “… con el libre ingreso, venían torrentes de gente y al año se retiraba la mitad. Y de los 100 que entraban a primer semestre, no llegaban a graduarse 10 en el último semestre”. Hoy, al parecer, 8 de cada 10 matriculados  continuarían sus estudios después del primer año. La titulación, empero, persistiría como problema, lo que nos lleva de nuevo al tema de la integralidad y la calidad del sistema educativo.

Adicionalmente, en la actualidad la preocupación es también por el acceso de las poblaciones históricamente excluidas y su garantía de permanencia en las universidades combatiendo todo tipo de discriminación. Se trataría también de entenderlo no solo a nivel estudiantil, sino en la docencia y en la investigación, considerando los diversos marcadores de la diferencia. Esa es la nueva democracia universitaria inclusiva, plena de acciones afirmativas que debe también preocupar a las actuales autoridades de educación superior. (O)

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