Lunes, 26 Junio 2017 00:00 Columnistas

La trampa del mercado libre

Juan J. Paz y Miño C.

En el siglo XIX la ‘libertad de empresa’ fue el principio rector de la economía. Pero Ecuador no era un país capitalista. Los estudios sobre la época han aclarado que se trataba de una economía ‘precapitalista’ en la cual la hacienda terrateniente fue la base productiva, y el comercio y la banca, las actividades complementarias.

Bajo esas condiciones, Ecuador fue agrario y primario-exportador. Pero, además, con predominio de la fuerza de trabajo campesina e indígena sometida y explotada por las diversas formas del ‘concertaje’. A la economía se unió el dominio político de la élite terrateniente, comercial y bancaria, ejercido en forma despótica y excluyendo de la ‘democracia’ a la enorme mayoría poblacional. Por ello, ese sistema ha sido denominado como oligárquico en los estudios históricos nacionales y latinoamericanos.

Bajo régimen oligárquico, Ecuador no progresó y hasta bien entrado el siglo XX era uno de los países más atrasados en la región.

La situación comenzó a cambiar solo medianamente a partir de la hegemonía liberal (1895-1925), pero de manera definitiva desde la Revolución Juliana (1925-1931) que introdujo el papel regulador del Estado, el impuesto a la renta y una avanzada legislación laboral. Así se inició el largo proceso de transformación del régimen oligárquico, que definitivamente fue superado durante las décadas desarrollistas de 1960 y 1970, en las cuales el Estado jugó un papel rector.

A partir de los 80, en cambio, progresivamente se consolidó un ‘modelo empresarial’, que aunque benefició al sector privado, sistemáticamente arruinó las condiciones de vida y de trabajo de la población nacional.

Ese modelo fue superado durante la década 2007-2017, con la edificación de un tipo de ‘capitalismo social latinoamericano’.

Con el inicio del gobierno de Lenín Moreno y su llamado al diálogo nacional, se han activado los distintos sectores sociales, que despiertan con avidez sus particulares intereses. Pero empresarios, trabajadores, indígenas, maestros, etc., reviven planteamientos corporativos  y no nacionales. En ese ambiente se infiltra la idea del mercado libre y la empresa privada como ejes de la economía, acompañando a ello terribles propuestas de flexibilidad laboral, algo que históricamente ha sido nefasto para el país, y que quedó ampliamente demostrado durante las décadas finales del siglo XX.

El balance en el comercio externo igualmente ha sido un problema en la historia económica de Ecuador bajo los principios del ‘libre mercado’, porque las importaciones indiscriminadas han golpeado siempre la posibilidad del desarrollo productivo interno y, si se mantuvieran hacia futuro, pondrán en riesgo a la dolarización que todo el mundo defiende.

Tienen razón los industriales y las cámaras de la pequeña industria al plantear algún control a las importaciones; y no tienen razón las cámaras de comercio que exigen la indiscriminada apertura a los mercados. Fortalecer la producción nacional implicará afectar a los comerciantes importadores, porque el Estado tendrá que garantizar el desarrollo interno contra el libre mercado. (O)

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