Jueves, 25 Mayo 2017 00:00 Columnistas

La segunda y definitiva Independencia

Tatiana Hidrovo Quiñónez

La Independencia de América del Sur fue una de las grandes gestas de la historia, envuelta en una épica colosal, teñida de táctica y estrategia política. Se llevó a cabo cuando el mundo occidental experimentaba la muerte del absolutismo y el nacimiento del imperialismo moderno, cuyo designio era el dominio total y el control de los mercados, para lo cual incorporaba progresivamente las distintas zonas económicas del mundo e imponía nuevas formas de coloniaje y explotación laboral.

La saga de Bolívar y los próceres de la Independencia consistió en haber imaginado una América como espacio geopolítico libre, idea que derivó en la acción para construir los cimientos de un gran país, con el propósito de resistir y a la vez articularse al sistema capitalista mundial en su fase de globalización.

Más allá del sacrificio de tantas vidas, incluso la del propio Bolívar, el legado es realmente inconmensurable. Aun hoy, podemos temblar solo de imaginar cómo con apenas caballos, carrozas, palos y fusiles precarios, un ejército formado por improvisados pudo cruzar un espacio de más de 3.000 kilómetros, ir y venir, en un tiempo históricamente corto, que transcurrió entre 1814 y 1824, para vencer a un poder colonial con un callo de tres siglos.

A pesar que muchos sectores populares reaccionaron ante la posibilidad de un nuevo orden republicano, quedan pocas dudas de que la base del ejército libertador estuvo conformada por campesinos mestizos y mulatos, motivados por un ascenso social y por el sueño de alcanzar su libertad. Solo la existencia de causas estructurales pudo agregar fuerza al proyecto liderado por los criollos, quienes a su vez habían desarrollado un sentido de ‘ser americano’, contrapuesto al peninsular, y además, comprendieron bien que era necesario consolidar un espacio político, para evitar una nueva colonización. Si el proyecto bolivariano no se concretaba, América Latina hubiera derivado en una neocolonia controlada por alguno de los imperios europeos emergentes, que derribaban poco a poco a la vieja España.

¿El proyecto de la Independencia fue inconcluso, o quizás fallido? Ensayamos al decir que el proyecto bolivariano fue coyunturalmente e históricamente exitoso. América Latina existe como campo político, gracias a las independencias y es desde esa posición que hemos mantenido desde hace 200 años una correlación de fuerzas y una compleja danza de ‘adaptación en resistencia’. Ante la debilidad comparativa de sus fuerzas militares, América Latina desarrolló durante el siglo XX los campos de la cultura popular y la literatura, compuestos del habla, prácticas e imaginarios. En medio del proceso de homogeneización natural de la modernización, los nacionalismos y universalismos, el alma de la diversidad, del movimiento y el color de este espectacular continente, ha cumplido, sin lugar a dudas, un secreto rol político.

A pesar del éxito del proyecto bolivariano, décadas después, surgieron voces que reclamaban una segunda y definitiva Independencia de América Latina, frase escrita por el cubano José Martí, quien conminaba a una liberación plena frente a las fuerzas del imperialismo. En 1893, Martí advirtió: “Lo que no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía”. (O)

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