Sábado, 10 Junio 2017 00:00 Columnistas

La seducción del poder

César Hermida

¿Por qué tanto interés en llegar al poder individual o colectivamente? ¿Por un sano afán de trabajar por la justicia y la igualdad, la retribución de la riqueza, y que los pobres tengan acceso libre y universal a la salud, la educación, la vivienda?  Muchos para asegurarse una posición que les permita una clara solvencia económica para el resto de la vida.  O por el prestigio, que es poder, y el poder seduce.

Ser militante de un movimiento que lucha por la dignidad, la democracia, es un fin loable.  Se acabaron los reyes y grupos de sangre azul, pero hoy los millonarios son los que con su dinero quieren poder político.

Se trata de construir una sociedad a partir de los saberes y sentires, en la búsqueda permanente de la paz y la tranquilidad, y allí que florezca la emoción de la felicidad.  La felicidad es el culmen de las armonías, pero construida sobre la base de las necesidades satisfechas.  El hastío de hoy, en nuestra sociedad de consumo, es la falta de dinero.  Tenemos que gobernarnos como especie.  Todo pobre, en América Latina o en África, debe considerarse propio, no ajeno. Lo que nos salvará será el amor a la vida y a la especie.

¿El pueblo tiene intuición para saber cuáles son sus candidatos? Parece que no con la capacidad que tienen los demagogos y los medios de comunicación privados para mentirle.  El demagogo llega a la mente y al corazón de la gente para engañarla.

Dada la necesidad de fortalecer lo público ante su desmantelamiento, el Ejecutivo, a partir del 2007, debió aplicar de manera firme políticas públicas de universalización de los servicios de salud y de educación, sin costo. El liderazgo fuerte del presidente, su autoridad, señaló el camino adecuado a seguir.   Lamentablemente, en el campo de la salud, no hubo atención a la promoción de la misma.  No hubo un conocimiento adecuado, más allá del acertado semáforo nutricional.  Estuvo bien la notable inversión en los niveles hospitalarios (para la atención de la enfermedad), pero no el descuido del enfoque estratégico de la atención primaria de salud basada en la promoción de la misma.

La academia debe jugar un nuevo rol político, en el sentido prístino del término, con la triada docencia-investigación-vinculación con la sociedad.  La investigación no debe, sin embargo, considerarse la más importante.  Debe haber un equilibrio de los tres componentes.  Con ellos la academia contribuirá a que la seducción del poder se torne más seria y formal. (O)

 

 

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