Miércoles, 29 Marzo 2017 00:00 Columnistas

La razón de la sinrazón

Lucrecia Maldonado

Alguien me dijo que a la gente había que convencerle para que vote de una u otra manera no desde la cabeza, sino desde el corazón, y desde las tripas. Y aunque en un momento discrepé, creo que esa persona puede estar en lo cierto. Después de todo, si nos vamos por la razón, lo que está sucediendo ahora en el país parece estar bastante lejano de una lógica sencilla y elemental.

La primera sinrazón es aquello de ir contra Correa. “Todo menos Correa” afirman, sueltos de huesos. La simple respuesta es que Correa ya no está de candidato. Entonces te apabullan diciendo que va a ser el poder detrás del poder y cosas así. La relación matemática que establecen es “Lenín es a Correa lo que Maduro es a Chávez”, que hace aguas por todas partes, pues se adivina detrás del escogitamiento de un candidato la intención de un cambio de estilo, y la apertura del Gobierno en aspectos que con Rafael Correa hubo tal vez cierta reticencia a abrirse un poco más.

Y ya que hablamos de Venezuela, la otra cantaleta es que nos vamos a convertir en la actual Venezuela o que nos vamos a parecer a Cuba. Han pasado diez años de Revolución Ciudadana y no ha ocurrido lo uno ni lo otro. Pero si así fuera, el peligro viene de otra parte: ¿no son decidoras las amenazas de empresarios de cerrar sus empresas (y posiblemente desabastecer) si gana Lenín? ¿No es Andrés Páez, el candidato a vicepresidente de Guillermo Lasso, junto con coidearios convocados por él, quien se ha llenado la boca con amenazas de ataques violentos en la ciudad de Quito? Entonces, si llegamos a parecernos a Venezuela tras un eventual triunfo de Lenín, no será precisamente por acciones de Alianza PAIS o Lenín Moreno.

Y hablando de Páez, otro de los argumentos es que no votan por Lenín porque Correa es prepotente. Ah, ya. Volvemos a que el candidato ya no es Rafael Correa, pero lo más triste es que saliendo de alguien ‘prepotente’, digamos, en grado 5, que ya ni siquiera es candidato, son capaces de llevarnos a manos de un prepotente grado 200, sin ética, además. Preferencias que tiene cierta gente.  

Y no puede faltar algo que ha existido durante todos estos años: la definición de este gobierno como ‘dictadura’. ¿Por qué? No solo porque la ignorancia suele ser atrevida, porque no hay tanta ignorancia como maledicencia, que aparte de atrevida es perversa. Hablan de tiranía, pero no son capaces de armar una lista coherente de presos políticos. Hablan de desapariciones, pero son desapariciones casuales y no las desapariciones forzadas ante las que muchos de los nóveles defensores de los derechos humanos se hicieron la vista gorda paladinamente en su momento. Hablan de falta de libertad de expresión, pero se victimizan, tergiversan las cosas y mienten que da contento sin que les pase nada.

Esas son las razones de la sinrazón, argumentos nada válidos, ausencia total de propuestas. Solo el odio por delante, para tomar una decisión que será crucial para el futuro del país. (O)

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