Lunes, 23 Enero 2017 00:00 Columnistas

La política y los medios de comunicación

Werner Vásquez Von Schoettler

Ya le gustaría a más de uno que los medios de comunicación, específicamente los públicos, fueran anodinos, sin carga política, sin compromiso, con temor de hablar de política y de tomar posición ante la opinión pública, es decir, escapar de la realidad y sumergirse en esa fantasía de la “objetividad” y la “imparcialidad”, de hablar del bien común pero no ser común a los ciudadanos, sino simplemente reportar lo que sucede en la sociedad. Con tal ambición los medios públicos, simplemente, quedarían aniquilados a ser un reflejo, una mala copia de lo que los medios privados son.

La mayoría en este país es consciente de que los medios privados han privado a la ciudadanía de los espacios democráticos para pronunciarse, para ejercer su derecho a expresarse e históricamente, esos medios, se han reducido a representar las voces de los grupos de poder. Nadie puede negar que esos medios de comunicación privados, no todos por supuesto, han vivido de convivir con la peor dominación: produciendo y distribuyendo las creencias de esos grupos minoritarios incapaces de pensar en un país integrado y con visión de futuro. Esos medios privados, los nuevos partidos políticos mediáticos, se han convertido en un obstáculo para el desarrollo social, para el desarrollo de una cultural visual, audiovisual, virtual. Con tanta telebasura no es posible construir conciencia social, bien común.

Si lo central es comerciar, obtener ganancias, difícilmente se cuestionará la masificación de estereotipos machistas, misóginos, homofóbicos, etc. Se condena todo tipo de violencia que se ejerce contra las mujeres y niñas pero seguimos reproduciendo un tipo de consumo televisivo, noticioso, impreso, que reproduce esa violencia de las peores formas. Entonces, ¿cuál es el rol de los medios públicos? ¿Acaso no es el de mediar socialmente, disputar ese canon perverso de aquellos medios privados que difunden enlatados, modelos de una sociedad inexistente? ¿O existir más allá de bien y del mal? Es decir quedarse en la parálisis de tocar los temas que a nadie le importa.

Los medios públicos deben hacer escuela de nuevos periodistas, comunicadores, investigadores, etc. Mientras tanto deben tener la lucidez de que el país, no un grupo u otro grupo, está en una transición fundamental hacia otro tipo de modelo de sociedad. Si no se comprende eso, bien podemos tener medios públicos posicionados con lo que a nadie le importa. Aportar a la construcción de opinión pública es otra tarea clave de los medios públicos.

Lo público, ni es lo estatal, ni es lo gubernamental o peor aún lo privado. Lo público es lo común a todos, sabemos que suena fácil decirlo, pero es complejo de construirlo, y no se lo logrará haciendo que lo público de los medios públicos sean tentados de ir por el desabrido camino del compromiso con el todo y la nada. Ni la historia del icónico quehacer del periodismo público británico lo ha hecho. Ecuador requiere medios públicos comprometidos con su realidad. Ni esquemas, ni estereotipos, sino un camino propio para democratizar, desprivatizar y ampliar la opinión pública. Cualquier otro camino llevará a perder el potente acumulado que han alcanzado los medios públicos.

Pero sobre todo si no hay público no hay medios públicos. Difícil camino que no permite distracciones para transitarlo. (O)

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