Sábado, 24 Junio 2017 00:00 Columnistas

La política como negocio ya no es rentable

Oswaldo Ávila Figueroa, ex docente universitario

En la avanzada era de la tecnología y ciencia, en sus diversas direcciones, el hombre y la mujer, adornados por el ansia de alcanzar fama, riqueza y poder, sortean espacios y seleccionan las vías más fáciles para hacer realidad sus sueños. Un puesto de trabajo en la administración pública o en el sector privado no es suficiente para cubrir las metas.

Los jóvenes de hoy, muchos de ellos, desorientados, carentes de ideologías y valores, tras consultar con sus compañeros de tertulias, concluyen, equivocadamente, que la actividad política es el mejor camino para llegar  a coronar sus desmedidas ambiciones. A unos, aparentemente, les ha ido bien, pero al final sucumben enredados entre la deslealtad, el hurto y negocios ilegales. Ya no es sorpresa comprobar en el medio partidista a los mismos políticos que perdieron oportunidades y otros que no entraron al mañoso reparto, insistiendo en volver a sus andanzas, para ahora sí conseguir estelar participación en el gran botín.

En nuestro escenario, con el advenimiento del gobierno de la Revolución Ciudadana, comenzaron a extinguirse agrupaciones políticas, pero aún sobreviven dos o tres alineadas en la oposición, pretendiendo recuperar tarimas -entre otras estrategias-, adular a los medios privados, para que les regalen coberturas a cambio de un supuesto apoyo a la pretendida derogatoria de la Ley de Comunicación.

La prensa ‘independiente’ agradece el servilismo y, en respuesta, concede amplios y repetidos espacios a los derrotados y a otros que salen de sus escondites para motivarlos en sus agresiones contra el avance del proceso de cambio y, principalmente, fortalecer la bronca por la derogatoria de la ley que regula el derecho a la información y garantiza la responsabilidad social de los medios.

Es notorio que el periodismo privado afronta dificultades, porque se han olvidado de su misión: informar objetivamente con veracidad, opinar y defender lo suyo, sin ofender, y ayudar a fortalecer la democracia, consolidar la paz y seguridad social. Es lamentable su decadencia por su apego a proteger y alentar a la oposición y oligarquía, que insisten, desesperadamente, en recuperar el negocio de los empresarios, en perjuicio de los derechos laborales, la gratuidad en los servicios de salud y educación y los programas populares de vivienda.

Por allí unos cuantos columnistas, aunque ya lejos del poder político, siguen sus arremetidas de odio contra el líder continental, expresidente de la República, Rafael Correa Delgado, según parece, asustados de un probable regreso a la palestra en un futuro no muy distante. Se olvidan de que el exmandatarío ya entró en la historia patria, con su década ganada, por su lealtad con el pueblo, ilustración académica y su sentimiento humanitario. Ahora, hoy, la política como negocio no es muy rentable.

Al binomio Lenín Moreno y Jorge Glas -con sus aliados- le corresponde, por mandato histórico, sepultar para siempre a los aventureros y negociantes de la política, continuar sin interferencias la obra del Buen Vivir. Es urgente seguir combatiendo la pobreza, el desempleo y consolidar la auténtica democracia. Cerrar definitivamente el ciclo neoliberal o poder de los empresarios, que pretenden aprovecharse de las manos extendidas, para recuperar el control de la economía, en provecho propio y en afectación a la gran obra social.

Insisto en la urgencia de continuar con la capacitación y orientación cívica de su militancia; la reorganización de los cuadros de Alianza PAIS y fortalecer su régimen orgánico para darle agilidad y eficiencia a las acciones políticas dentro del proceso de cambio. (O)

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