Viernes, 31 Marzo 2017 00:00 Columnistas

La paz y tranquilidad ciudadanas

Ilitch Verduga Vélez

Nada expresa mejor el período de la década ganada, que la visión económica, hecha realidad, en estos diez años de gobierno de revolución ciudadana, sin paquetazos, ni alzas de precios de combustibles, ni de servicios básicos: agua, electricidad, teléfonos, transporte. De igual modo, las obras de infraestructura en salud, educación, vialidad, vivienda, seguridad, hidroeléctricas, multipropósitos, el cambio de la matriz productiva, que han permitido que las desgracias naturales, las crisis económicas -las mayores de Occidente desde 1930- que agobian países pobres, igualmente naciones opulentas, no hayan tenido en Ecuador los efectos devastadores de otras tierras. A pesar de las bajas en exportaciones, la apreciación del dólar, los pagos a transnacionales, por juicios incoados en anteriores gobiernos, la paz social está consolidada. El motín de algunos miembros de la Policía, motivado en discursos disociadores de unos cuantos, aquel fatídico 30 de septiembre de 2010, fue develado.

Asimismo, debemos relievar la permanente labor de zapa de medios de difusión privados, convertidos en actores políticos. oposicionistas al régimen de Rafael Correa, que lograron, con noticias falaces, incentivar un accionar subliminal perverso, impulsando iniciativas nefastas que engendraron el clima tenso, provocador, en días posteriores a los comicios. Los gritos insensatos de sociópatas, sintetizados en la frase: “incendiemos Quito”, que nadie castigó. También actitudes taurinas de alguien, que, faltándole corridas de toros, solventan borracheras, bajos instintos, en ataques a organismo del Estado, actividades indignas que no han podido cambiar el ambiente pacífico, la relación civilizada mayoritaria en los ecuatorianos, frente al actual proceso ideológico, en oposición a lo que afirman ciertos editorialistas.

Pactos, acuerdos de trasnoche, que presume la dirigencia de la campaña del pretendiente derechista -todavía en estrategias revanchistas-, hoy deben meditarlas, cuidadosamente, después del envío de la carta abierta del arzobispo de Guayaquil, Luis Gerardo Cabrera Herrera, a los candidatos enfrentados en el balotaje del 2 de abril 2017. En ella, el alto prelado, con profunda reflexión franciscana, señala el significado de la “paz personal, social” sustentada en “libertad, la verdad, la equidad, la justicia”, llamando a los dos postulantes a “priorizar la paz, respeto, el diálogo durante la campaña electoral, inspirados en la vida de Jesús de Nazaret”.

No son repujadas palabras huecas las que expresa monseñor Cabrera, que conoce la realidad popular, la consideración a la convivencia humana. Las necesidades sentidas del conglomerado están implícitas en los principios expuestos por él, con evidente sustento ético, no exento de la humildad del ‘pobrecillo de Asís’. La certeza de haber penetrado el imponderable entorno de lo electoral, hace posible que la misiva del arzobispo Cabrera tenga prudentes sugerencias: “Sería frustrante, muy peligroso que se recurra al engaño tan solo para obtener el número de votos exigidos”. Mucho de lo que subsiste en publicidades de redes sociales, que calumnia, infama, amparado en la impunidad del anonimato, que no significa el real pensamiento del pueblo, implica formas nocivas de comunicación, tan perversas como los linchamientos mediáticos. por tanto, merecen lo que con mucha claridad señala el Arzobispo: “Aleja de nuestros discursos y acciones toda forma de violencia, cargada, con frecuencia, de resentimientos, difamaciones, calumnias, que no conducen a nada saludable”.

Exhorta, en su memorable escrito, que el poder es servicio, sustentando: “Los excluidos no son objeto ni medios para tales fines, sino sujetos protagonistas de su propia historia”. El próximo domingo se definirán dos proyectos de Estado. Consecuentemente, tiene vigencia la frase bíblica: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, antes que un rico llegue al reino de los cielos”. (O)

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