Miércoles, 19 Abril 2017 00:00 Columnistas

La madre de todas las bombas

Fander Falconí

“Los otros son los malos y deben morir”. Esa actitud de exclusión es muy antigua. Un antiguo libro hebreo, Rut, se escribió para erradicar ese prejuicio contra los habitantes de Moab (actual sur de Jordania). Como la historia está llena de chocantes coincidencias, hoy se llama así a la bomba convencional -no atómica- más destructiva del mundo.

MOAB (Massive Ordnance Air Blast, artillería masiva de explosión aérea) ha sido apodada ‘Mother Of All Bombs’ (madre de todas las bombas). Su potencia destructiva equivale al 73% de la bomba utilizada en Hiroshima, según informes militares citados por Unasur. Por orden del presidente estadounidense Trump, la MOAB se acaba de lanzar en Afganistán. Se destruyó una base del Estado Islámico con decenas de militantes que la cuidaban. Dicen los que la lanzaron que no hubo bajas civiles.

Como en todas las innovaciones bélicas, la sola mención de esta bomba es deprimente para quienes buscan el sentido de la historia. Es otra contradictoria hazaña del ser humano: máxima tecnología al servicio de una ínfima conciencia. En todo el mundo esto ha causado repudio mezclado con incredulidad. En los mismos Estados Unidos, la gente recién despierta a la realidad de la era Trump. Recortes en programas sociales ahora van de la mano con incremento de gastos de guerra, De acuerdo con la publicación Business Insider, aunque los militares digan que esta bomba cuesta solo $ 170.000, no se menciona que fue necesario invertir $ 314 millones en investigación y desarrollo.

En toda sociedad, los cambios políticos siempre conllevan reacciones culturales en las letras y en las artes. En Estados Unidos, esa reacción casi siempre se anticipa. Por algo lo llaman allá Show Business (el negocio del espectáculo). Pero esta vez, pocos se anticiparon al triunfo de Trump. Casi todos esperaban una fácil victoria de Clinton. Excepto algunas productoras, como Netflix, que presintieron ese triunfo o se adaptaron con rapidez, la famosa serie sobre juristas The Good Wife (la buena esposa) se convirtió en The Good Fight (la buena pelea) y sus protagonistas femeninas pertenecen a colectivos que se sienten amenazados por Trump: afroamericanas, jubiladas, lesbianas.

Otra serie de televisión que se adaptó y hasta se adelantó a la era Trump es American Crime. En la nueva temporada ya existe el muro con México y por ahí se registran los inmigrantes temporales que vienen a las cosechas. Un reflejo de la realidad: más de la mitad de los trabajadores agrícolas en Estados Unidos son indocumentados. Y esos migrantes en situación irregular, como sucede en otras partes del mundo, son víctimas de una realidad de violencia, explotación, discrimen; eso muestra la serie. La cultura camina de la mano de la realidad, hasta cuando aparentemente quiere evadirla, como en la ciencia ficción, que es una denuncia disfrazada.

En el fondo, volvemos al tema inicial: la cultura debe combatir la exclusión. Porque la exclusión del ‘otro’ es la madre de todas las guerras. (O)

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