La izquierda neoliberal

- 10 de abril de 2017 - 00:00

Mientras que la derecha bancaria está desquiciada por la derrota obtenida en la urnas, por no saber cómo disputar a la derecha socialcristiana el liderazgo regional y nacional, la izquierda aquella asimilada a lo peor de los valores burgueses, pequeño burgueses, arribistas, con una profunda alienación de clases e incluso de su representación étnica, ha optado por el activismo táctico de entregarse en cuerpo y carne a las demandas organizativas callejeras que la derecha bancaria le exige.

Ahora ese derecha, la más recalcitrante, se siente a cuerpo de rey porque no solo es su cabeza, sino que la usa como cuerpo para sus acciones más inmorales, entre esas atacar la democracia en todas sus formas. Mientras en campaña atacaron, amenazaron con desmantelar la Constitución de Montecristi, ahora defienden y reclaman la acción de esa misma Constitución que desde 2008 han desacreditado. Eso simplemente se llama oportunismo.

Pero lo más difícil de aceptar es que la vieja izquierda, en su más profunda decadencia histórica, se haya plegado a los intereses de su enemiga histórica. ¿Por qué? No son explicaciones ni complejas ni difíciles de entender, simplemente el vaciamiento ideológico les ha dejado en una situación de carcasa vacía hace ya más de 15 años.

El oportunismo de una dirigencia perdida en un imaginario de país que no existe. La terquedad de creer y querer imponer un modelo de sociedad que las mayorías rotundamente no aceptan. No les ha quedado más que plegarse, parasitariamente, a un credo de valores y axiomas de negación total de la historia social y colectiva que ha vivido Ecuador en la última década.

La decadencia se manifiesta por la fácil captación de un programa antinatural a su propia historia. Han asumido el ideario no nacional, ni colectivo, ni plurinacional ni intercultural, sino el ideario neoliberal de reivindicar el pasado de la partidocracia como modelo de organización social. Esa vieja táctica estalinista de venderse al mejor postor con tal de sobrevivir y justificar su anquilosa existencia como organización.

El neoliberalismo los ha colonizado, no solo en su visión económica, sino en sus valores morales. Ya no son organizaciones que reclamen lo colectivo, lo común, lo comunitario, sino que reclaman la opción preferencial por los más ricos y opulentos. Reclaman un modelo económico centrado en el individualismo y la acumulación de capital; un modelo de empresa capitalista, precisamente, contra la que siempre lucharon.

Esta izquierda se ha convertido en su propia negación cultural. Ante la incapacidad de ser opción se pliegan a las demandas de la banca. Aspiran al fin de ciclo. Postulan una visión rentista del suelo y la tierra. Autonomías separatistas y un milenarismo de fantasía de Disney. Es una vergüenza sin nombre que la historia sabrá denunciar a su debido tiempo. Por ahora han sido castigados por la voluntad popular. (O)