Sábado, 24 Junio 2017 00:00 Columnistas

La irrupción del dogma

César Paz-y-Miño

Desconsolador para la humanidad contemporánea es la intrusión de nuevos ‘estilos de vida’, que se erigen como paradigmas incontrovertibles. Si bien el ecologismo, el veganismo, naturismo, animalismo, antitransgenismo, antivacunismo y corrientes semejantes pretenden dar respuesta a una sociedad donde impera el consumismo, la manipulación de las transnacionales y sus potencias, lo neurálgico es su resistencia a las evidencias científicas.

No solo eso, sino que caen en neodogmatismos que discriminan y en muchos casos se acompañan de violencia y desafíos contra quienes no profesan sus doctrinas. En lugar de presentar argumentos técnicos y científicos, e incluso filosóficos, condenan a todo aquel que no entra dentro de sus credos. Esto es grave, pues en la historia es algo que se ha dado a menudo ante los avances. Recordemos el combate a Galileo, Hipatia, Lavoisier, Servetus, Copérnico, Bruno, Vanini, Darwin, Marx.

El alejarse del empirismo racional, es decir, de la ciencia y del conocimiento, es producto de falta de información en la mayoría de los casos. Para muchas personas que siguen estas nuevas formas de vida, sus ideales aparecen como una nueva religión que se opone, incluso, a la necesidad de proyectar para la humanidad usos racionales y sostenibles de la naturaleza. Estas corrientes se ofenden si desde la ciencia se cuestionan ciertos conocimientos ancestrales o prácticas ‘alternativas’. Pierden la cordura solo al oír la posibilidad que puede tener la ciencia de investigar en tecnología transgénica o apoyar las vacunas como solución en salud pública, por poner ejemplos.

Las nuevas tecnologías han impulsado un cambio notable en el uso de la naturaleza, y la ciencia es decisiva en el desarrollo humano. La humanidad ha incrementado su promedio de vida gracias a los avances en salud (alcantarillado, vacunas, agua potable y medicamentos). Pero los nuevos dogmáticos cuestionan y combaten los progresos, similar a los antiguos ataques a la ciencia. Pretenden convertirse en carceleros de la fe, incluso usando el ultraje.

En muchos casos, los nuevos dogmas, unidos a los antiguos, rechazan el diagnóstico prenatal, se oponen a la interrupción terapéutica del embarazo, luchan contra los anticonceptivos, repudian el testamento vital y la posibilidad de la muerte asistida, no aceptan la elección de género o las relaciones alternativas; en suma, se oponen a todo lo que no esté dentro de su nueva fe, protagonizan un evidente retroceso social e histórico. Sensato sería transitar por el agnosticismo, el cultivo de la ciencia y sus certezas. (O)

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