La incoherencia de Trump

- 11 de Abril de 2017 - 00:00

Probablemente el símbolo nefasto de la época que estamos viviendo lo tenemos en las imágenes transmitidas por televisión de la agonía y cadáveres de los niños víctimas de los gases letales empleados en la guerra de Siria, y al mismo tiempo, casi en la antípoda de Guatemala, se exhibe el sufrimiento de los niños abandonados separados de sus padres por la persecución y expulsión de inmigrantes decretada por el presidente Donald Trump. Estos niños, a partir de su abandono, son fácil presa de los coyotes (traficantes de humanos) y victimas de todos los abusos, principalmente las niñas, quienes a corta edad se las observa arrastrando amorosas a otro niño, consecuencia de las violaciones.

Lo trágicamente incoherente es que el gobernante del país más poderoso del mundo, capaz de actuar con todo rigor (a buena hora), de acuerdo a sus declaraciones, “en defensa de los niños”, no resuelva al pie de su frontera la calamidad que está ocasionando a los niños con la expulsión de sus padres inmigrantes en Estados Unidos.

Este mismo personaje se niega reconocer las consecuencias que tendría para la especie humana el calentamiento global y nombra como sus representante, para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA), al actual fiscal general de Oklahoma, Scott Pruitt, un provocador y escéptico del cambio climático, que como mérito exhibe haber encabezado en los últimos años dos demandas contra la agencia medioambiental federal que ahora Trump le ha asignado dirigir, y se ha situado claramente del lado de la industria del petróleo y el gas.

“Esta nominación es una amenaza especial para las comunidades latinas que sufren desproporcionadamente la carga del deterioro de la calidad del aire y la contaminación del agua”, declaró Mark Magaña, presidente fundador y director ejecutivo de Green Latinos”.

Las investigaciones sobre las consecuencias del calentamiento global se establecieron sesenta años atrás de la publicación de este artículo. En 1957, el oceanógrafo Roger Revelle y el químico Hans Suess, ambos estadounidenses, demostraron que el agua marina no es capaz de absorber el CO2 adicional que llega a la atmósfera, como anteriormente se asumía.

Esta comprobación elimina la afirmación de que el CO2, producido por excesivo consumo industrial de los combustibles fósiles sería absorbido por los océanos sin consecuencias posteriores. A partir de 1988, la Organización de las Naciones Unidas forma el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) para recopilar y examinar las evidencias sobre el calentamiento global.

El 13 de abril de 2014, el Grupo Intergubernamental de Expertos del IPCC publicó la tercera y última parte del informe en el que se advierte sin rodeos que solo tenemos 15 años para evitar superar el umbral de un calentamiento global de dos grados. Más allá, las consecuencias serán dramáticas.

Estas investigaciones realizadas por sesenta años con resultados evidentes sobre la magnitud de una catástrofe que se debe evitar son las que pretende negar el presidente Trump, con su acólito Scott Pruitt, a lo cual no dejaremos de referirnos. (O)