Sábado, 06 Mayo 2017 00:00 Columnistas

La Iglesia católica otra vez se desvía de su misión

Oswaldo Ávila Figueroa, ex docente universitario

Recordemos que según consta en la Constitución, Ecuador es un Estado laico y entre sus deberes se destaca: garantizar la ética laica como sustento del quehacer público y el ordenamiento jurídico. De acuerdo con el contenido de la ley, las religiones deben desarrollar sus actividades, describiendo sus principios, creencias y exaltando la palabra de Dios. Lamentablemente, la Iglesia católica, por sus constantes impertinencias de la cúpula y ciertos sacerdotes, en el trajín de sus labores, van perdiendo, sistemáticamente, la credibilidad de sus feligreses.

El nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), alejándose de su misión, se agrega a la oposición en su crítica contra el gobierno saliente de Rafael Correa Delgado y sostiene que en el país existe una supuesta polarización social y, tras una evaluación personal, con énfasis asegura que el régimen de Correa “nos dejó un mal sabor de  boca por favorecer exclusivamente el partido único, lo cual se presta a muchas cosas desagradables”. No sorprende la nueva incursión de la Iglesia católica en el escenario político, al término del régimen de la Revolución Ciudadana, presidido por Rafael Correa y el advenimiento del binomio Lenín Moreno y Jorge Glas, si la CEE, en otra oportunidad, decidió y participó activamente por el No, en la campaña de la consulta y el referendo. Con el cuento de que la Iglesia no debe ser indiferente a los problemas del país, insiste en su postura partidista, alejándose de su misión: predicar la doctrina de Cristo.

Ante las derrotas electorales de la derecha oligárquica frente al liderazgo de Rafael Correa y sus aliados, la cúpula de la Iglesia católica se refugió en aparente silencio, hasta encontrar el espacio e instante oportunos para emprender los primeros tanteos y con palabras acomodadas inmiscuirse al disimulo en la contienda partidista, a riesgo de que el abandono de su misión cree descontento y desconfianza en su propio círculo y sus seguidores.  

No olvidar que la Iglesia católica arreció por la no aprobación de la nueva Constitución en vigencia, considerada como una de las más avanzadas en el mundo, y hoy, en forma pública, el nuevo presidente de la CEE critica al gobierno de Rafael Correa, en la hora final de su mandato; y tratando de ocultar su postura derechista, reconoce como gestión del régimen del Buen Vivir el desarrollo de la infraestructura pública y al concluir dijo que espera que el nuevo gobierno de Lenín Moreno y Jorge Glas tenga éxito en su administración.

La Iglesia católica, por lealtad a sus creyentes, debe mantenerse en su rol: difundir los preceptos de Cristo, “la solidaridad, la armonía social,  el amor y el sacrificio por los demás” y, fundamentalmente, respetar la vigencia del modus vivendi y el Gobierno de Ecuador, instrumento que garantiza las actividades religiosas en la órbita de su competencia.

De forma solapada se acusa al régimen de la Revolución Ciudadana de interferir las libertades y al disimulo se recomienda al nuevo gobierno que se convierta en su guardián. Se olvidan de que en este régimen democrático los ecuatorianos gozan de libertad para pensar y tomar decisiones y que se garantiza plenamente el derecho al sufragio y el respeto al criterio o pronunciamiento mayoritario. (O)

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