Miércoles, 11 Enero 2017 00:00 Columnistas

La feria de la alegría

Lucrecia Maldonado

Como se había dicho en ocasiones anteriores, uno de los problemas del ser humano de nuestro tiempo es no poder (o no querer) distinguir un hecho de una opinión, pero podríamos decir también que hay quien no distingue lo lógico de lo absurdo. Sabemos también que el juego político de la persecución del poder no se caracteriza precisamente por ser un juego limpio. La campaña electoral que acaba de arrancar esta semana ha comenzado, desvergonzadamente, echando maña de las artimañas más cuestionables, de la demagogia más demencial y de una grosera manipulación del humor y los imaginarios populares al uso.

Por ejemplo, la candidata del partido Social Cristiano-Madera de Guerrero ahora lanza muy oronda la campaña de que hay que votar por ella porque es la única mujer que tercia para presidenta de Ecuador. Si bien las luchas por la igualdad de género son de lo más loable que existe en el planeta, la historia ha demostrado que, per se, el hecho de ser una mujer en el poder no significa nada. Porque si bien hay gobernantes mujeres de la talla de algunas presidentas sudamericanas, también está, solamente por mencionar un caso, la famosa condesa Elisabeta Bathory, la Condesa Sangrienta, que no era precisamente un modelo de apertura mental, sino alguien que terminó siendo modelo para la noción actual del vampiro.

Por otro lado, la demagogia alcanza los límites de lo risible, y a veces los supera con creces: alguien ofrece un millón de puestos de trabajo, oferta, por otro lado, que a los mayores de treinta años nos suena harto conocida. Lo que no se nos dice es en dónde, pues la vez anterior fueron en España, y no precisamente de ejecutivos. Aparte de que en Ecuador no hay un millón de desempleados. Pero lo más paradójico de esta oferta es que coincide en lista y candidato con la que no se sabe si ofrece o amenaza con reducir drásticamente el tamaño del Estado, cerrar instituciones públicas a mansalva… y entonces regresa la pregunta… ¿dónde irán a ser las ofertas de trabajo?

Está también la patética oferta de eliminar impuestos. Y es una de esas cosas en las que una termina diciendo: “viví para verlo”. Y no termina de creerlo. ¿Y? ¿Con qué van a sostener el Estado y la obra pública, entonces? ¿Pidiendo limosna? ¿Confiando en la bondad de la especie humana? ¿Rezando el rosario?

También está la demagógica y patética oferta de ‘devolverle’ la educación al MPD a través del otorgamiento de la cartera de Educación a una de sus más conspicuas representantes. O sea… ¿es en serio? ¿De qué se trata? ¿Cómo se juega este juego? ¿Acaso se pretende pasar de lo irreal a lo esperpéntico en menos de lo que canta un gallo?

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra, dice la gente sencilla. Y se añadiría lo que un transeúnte le dijo a un taxista al terminar una carrera: “Usted puede votar por quien le plazca, eso es un asunto suyo; pero nunca, nunca de los nuncas, entiéndalo bien, nunca se olvide de cómo era este país antes de Rafael Correa”. (O)

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