Jueves, 20 Abril 2017 00:00 Columnistas

La Esquina del Coco, en Ibarra

Juan Carlos Morales. Escritor y periodista ecuatoriano

En estos días, la capital de Imbabura conmemora los 145 años del regreso de los ibarreños tras el terremoto de 1868. Tuvieron que esperar cuatro años, en 1872 y en abril, para refundar la ciudad porque en aquella época operaba el olvido hacia las provincias. La fiesta se llama El Retorno y es una algarabía de música, pero también de una llamativa representación con teatro en vivo, además de propuestas artísticas en el Centro Cultural El Cuartel.

Sin embargo, en lo histórico, hay muchos elementos que configuran esos sucesos, como la Esquina del Coco, un ícono de finales del siglo XIX. Ahora en las calles Sucre y Oviedo ostenta una pequeña plazoleta, que incluye una escultura del entonces presidente Gabriel García Moreno, artífice de la reconstrucción de la urbe. En sus labradas bancas, los turistas pueden apreciar uno de los emblemas de la ciudad en forma de palmera.

Los hechos acontecieron de esta manera. Es el 15 de agosto de 1868, día de fiesta. En Ibarra se realiza una celebración religiosa que deriva en una algarabía de danzantes, saraos, pólvora y polleras al aire. A la una y cuarto de la madrugada, del domingo 16 de agosto, se escucha el tremolar de la tierra. En tres segundos, según refieren los cronistas, la bellísima Villa, como la conocían en la Colonia, es arrasada por uno de los terremotos más violentos de que se tenga noticia.

Fernando Pérez, jefe político de Ibarra, en comunicación al Gobierno, con fecha de 1 de octubre de 1868, daba los siguientes datos: de los 7.200 habitantes de la ciudad han fallecido 4.458, están heridos 2.289 y quedan ilesos solamente 553. Se sabe que cerca de 550 personas se refugiaron en Santa María de la Esperanza, donde aguardaron durante cuatro largos años para reconstruir la urbe. En la provincia perecieron más de 20.000 personas, aproximadamente.

La ciudad, tras el sismo, quedó devastada. La hermosísima iglesia barroca de los jesuitas, La Compañía, fue afectada. Los tejados estaban enterrados. Sin embargo, una palmera -como si fuera el sobreviviente de un naufragio- permanecía airosa en medio del polvo. Desde allí se trazaron los cordeles para la nueva urbe. Fue el ingeniero Arturo Rodgers, con la dirección de Luis Felipe Lara y algunos entusiastas jóvenes ibarreños enviados a Quito durante 30 días para aprender de topografía, quienes trazaron la nueva ciudad. César y Luis Lara, Rodolfo y Carlos Monge, Alejandro Pérez, Moisés Almeida y Miguel Herrería recibieron lecciones del ingeniero francés Adolfo Géhin.

El cocotero (Cocos nucifera) es una especie de palmera de la familia Arecaceae. Aunque puede crecer hasta unos 30 metros, los cocoteros en Ibarra -de los cuales hay muchos- tienen sus cocos más pequeños, debido al clima. En tiempos pasados, los niños jugaban con ellos y, en algún momento, fueron hasta moneda: cale con coco. El coco histórico ahora tiene incluso un geranio y una malva. Las palmeras de Ibarra les recuerdan a sus ciudadanos su destino de mar, y la ruta a San Lorenzo, objeto de la fundación en 1606. (O)

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