Miércoles, 08 Marzo 2017 00:00 Columnistas

La Derecha de la Izquierda

Lucrecia Maldonado

No cabe duda de que una de las debilidades del gobierno de la Revolución Ciudadana fue abrirse frentes y crearse más enemigos de los convenientes en un proceso que se sabía que tendría muchos escollos que atravesar debido a su fuerza innovadora y a la cantidad y calidad de cambios que deseaba hacer. Para los unos, los de la derecha, socialista y estatista, era obvio que tenían que oponerse con todo y tratar de sabotear el trabajo de este gobierno desde todos los frentes posibles.

Sin embargo y a medida que avanzaba el proceso, varios grupos del progresismo nacional también fueron alejándose paulatinamente del gobierno y ese romance, que había comenzado viento en popa, poco a poco se fue convirtiendo en una agria disputa de espacios, tal cual una pareja que se ha separado detrás de un largo proceso de disputas y desacuerdos.  

Los errores se dieron de parte y parte y no es tiempo de preguntarse quién se equivocó más y en dónde porque ahora esa izquierda resentida está actuando precisamente desde esa óptica: la del resentimiento más acerbo e irracional. Al grito de “¡Fuera Correa, fuera!” (sin darse cuenta de que ya está fuera porque no será candidato en las siguientes elecciones), no les importa correr el riesgo de perder todo lo ganado en estos diez años, que también es mucho. Es verdad que una buena parte de lo dañado en conflictos inútiles pudo solucionarse a través de negociaciones inteligentes.

Como es verdad que la virulencia no estuvo solamente de un lado de la cancha. Pero lo más verdadero de todo es que los partidos de derecha supieron sacar ventaja de los desencuentros: los otrora tradicionales extractivistas se volvieron verdes, pero no flex, sino eco; los defensores de la familia se hicieron tres cruces (seguro también rezaron algunas jaculatorias de perdón) y se pasaron al bando de los defensores de la lucha de género y los derechos sexuales y reproductivos.

Y la izquierda resentida se sintió apoyada por sus tradicionales enemigos, que de repente habían remozado sus abrigos de piel de oveja y los lucían en diversas pasarelas con todo desparpajo: yasunidos (olvidando que la idea de dejar el petróleo bajo tierra no se le ocurrió a nadie más que a su peor enemigo); desbandándose a favor o en contra del malhadado ‘Plan Familia’, de acuerdo con su conveniencia y entrevistando compulsivamente desde sus medios a gente que, de no haber sido por sus confrontaciones contra el gobierno o contra el mismo Presidente, habría seguido sepultada en el más injusto de los olvidos en relación con sus méritos propios.

Ahora proclaman, desde la rabia y el resentimiento, tal cual aquellas mujeres que inoculan en sus hijos el odio al padre desde su propio rencor, sin reflexionar cuán destructiva puede ser esa actitud, que votarán por el candidato de la derecha y se llenan de justificaciones tan numerosas como falaces. Censuran la prepotencia de Correa, pero no reparan en la de Páez. Hablan de un régimen autoritario, pero no observan dos que tres cositas que darían la medida de la avalancha represiva que puede venir.Se regodean en las acusaciones de corrupción, pero no hacen una evaluación del turbio pasado de los candidatos de su elección.

En todo este camino, y después de haber bregado con más de una traición de verdad desde hace muchísimo más que una sola década, algunos movimientos indígenas, sociales, así como otras agrupaciones de izquierda siguen representando el humillante papel de erigirse secularmente como los tontos útiles de la derecha. (O)

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