Jueves, 31 Agosto 2017 00:00 Columnistas

La democracia con Twitter

Antonio Quezada Pavón

Twitter ha transformado la democracia. Este servicio de redes sociales tiene el poder de controlar la expresión de la opinión pública en el debate político. Desde que se inició hace casi 12 años y entró a competir en la bolsa de valores se ha especulado mucho acerca de su verdadero valor. Con más de 200 millones de usuarios al mes, se le compara con el billón que tiene Facebook. De hecho Facebook y Twitter, a pesar de ser categorizadas como redes sociales, son tan distintas como agua y aceite.

Para mí, Twitter es más impactante en un aspecto: la forma como influye en la arena en la cual las sociedades discuten sus temas políticos. Uno de sus fundadores, Evan Williams, reconoce que Twitter fue un proyecto secundario de su compañía principal Odeo. Cuando se lanzó Twitter a inicios de 2006 basados en la idea de Jack Dorsey, su concepto fue realmente trivial y simple: alguien comunica lo que está haciendo, usando textos de 140 caracteres o menos. Y la gente que esté interesada lo recibe y eventualmente contesta.

Y esto es lo que me asombra, que simplemente compartir cortos mensajes entre grupos de amigos (ahora realmente ya es una base de datos) ha llegado a ser un poder fáctico de intercambio noticioso en el mundo. Y contrariamente a lo que son las reconocidas agencias noticiosas (Reuters, AP, etc.) está disponible para todo el mundo, en todo momento. Y es la razón por la cual los políticos y los gobiernos lo usan para entregar noticias antes de que las entreguen a los medios de comunicación masiva.

La idea básica era que la gente comparta momentos de sus vidas donde quiera y cuando quiera; sean ocasiones memorables o simplemente situaciones mundanas; pues aquello fue precisamente lo que hizo que, al compartir dichos momentos cuando sucedían, la gente se sintiera más conectada y en contacto, a pesar de la distancia; y lo que es más importante, en tiempo real. De esta manera, Twitter se transformó en una idea excitante. Lo que no anticiparon sus fundadores fue los muchísimos otros usos que se han desarrollado a partir de este muy simple sistema, en donde destaca su capacidad de transmitir eventos en tiempo real.

Pero Twitter ya tiene una gran influencia en los negocios, especialmente en mercadeo, pues no solo se usa para comunicar, sino también para realizar predicciones de comportamiento humano y de tendencias. Y claro está, los políticos vieron su tremendo potencial e interactúan intensamente con sus cuentas. Y esto va desde el presidente Donald Trump, a nuestro presidente Lenín Moreno. Y no hay un solo político occidental que no tenga su hashtag en un momento dado. Twitter tiene la capacidad de transformar a una persona ordinaria en un presentador de noticias, con implicaciones que apenas las estamos entendiendo. Es muy común ahora que se lancen falsas noticias y que sean ingenuamente ‘retuiteadas’ (me asusta usar este anglicismo) por individuos que no se dan cuenta que de hecho están en el negocio noticioso de alguna manera.

Cuando mensajes en Twitter provocan que un asambleísta racionalice su voto en una decisión, nos damos cuenta de que nuestros políticos se han embarcado en una resbalosa pendiente. Esta tecnología, que ofrece la capacidad de monitorizar la opinión pública en tiempo real, constituye realmente una pesadilla para los ideólogos tradicionales de la vieja democracia, pues esto nos sugiere que una compañía como Twitter podría, de muchas maneras, regular las expresiones de la opinión pública, lo cual la hace tremendamente poderosa. Y esto debería ponernos muy nerviosos. (O)

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