Sábado, 08 Octubre 2016 00:00 Columnistas

La delincuencia de cuello blanco, causas principales: la civilización consumista y mucha codicia

Edmundo Vera Manzo

Las principales causas de la delincuencia de cuello blanco son la poca ética y moral de la civilización consumista que vivimos y la mucha codicia de los que quieren vivir y viven el mundo de la riqueza económica.

Los delincuentes de cuello blanco, llamados delincuentes financieros, son personas de elevada inteligencia, alto nivel educacional y social que realizan acciones contra el patrimonio privado y público y el orden socioeconómico sin contacto ni armamento contra los perjudicados. Son personas con mucha codicia, capaces de muchas acciones: mentir, falsificar y robar documentos, sobornar, estafar, utilizar fórmulas matemáticas que la mayoría de las personas no comprenden, asumir riesgos excesivos, sobreprecios, comisiones, ganar porcentajes de las operaciones que realizan, aprovechar información privilegiada, sacar ventajas personales de los altos conocimientos matemáticos e informáticos, tráfico de influencias, evasión de impuestos, blanqueo de capitales, documentos de seguridad falsos, fraudes, quiebra fraudulenta, fraudes en los seguros, malversación de fondos, defraudaciones aduaneras, préstamos a personas y empresas con poco respaldo, evasiones tributarias, “ayudas” a empresas, corporaciones y transnacionales para reducir y evadir sus responsabilidades en el Estado y municipios, engaños a ingenuos bienintencionados, etc., es decir, múltiples formas de corrupción.

Desde que el sociólogo Edwin Sutherland, en 1939, introdujo el concepto de delito de cuello blanco, se ha dado un aumento exponencial del número y diversidad de casos que se descubren cada día, en que el capital financiero es la forma dominante de la economía, donde el manejo de documentos de forma engañosa, hace millonarios y multimillonarios a unos pocos, de la noche a la mañana.

Una de las causas principales de la delincuencia de cuello blanco es la muy débil formación que reciben los niños y jóvenes en valores éticos y morales, en especial la honradez y el bien común, en los sistemas educativos.

La segunda causa, la más grave, es la codicia, que es un deseo vehemente, excesivo e insaciable de obtener muchas cosas, riquezas o bienes materiales por encima de sus necesidades.

La causa más amplia en la actualidad es la codicia de la civilización y sociedad de consumo a través de la publicidad y la propaganda; las tarjetas de crédito que invitan a tener bienes endeudándose, los préstamos bancarios innecesarios y los prestamistas chulqueros.

La causa de la codicia es el vacío existencial, el vacío interior, que mientras más profundo es trata de ser llenado en una forma insaciable con el dinero, las riquezas y el poder. La codicia es insaciable, mientras más tratan de llenar su vacío con bienes materiales, más vacío sienten. “Quienes cruzan la línea una vez, tenderán a cruzarla una y otra vez. La persona codiciosa se engaña; siempre encuentra excusas para justificar sus actos. El hecho de que los demás lo hagan ya es suficiente para hacerlo. Sin embargo, la sombra de su conciencia moral les persigue de por vida. Al corromper su alma y traicionar a sus valores intrínsecamente humanos, por más que tenga y consigan, se sentirán vacíos e infelices”. George F. Loewenstein.

Para las penalistas y criminólogos Iracema Gálvez y Tania de Armas Fonticoba “Los delitos de cuello blanco y las personas que los cometen, han demostrado una faz diferente para la ejecución penal que se siente desafiada para responder diferenciada y adecuadamente. La clausura de las empresas que esas personas dirigen, la prohibición de ejercer una profesión, cargo u oficio, especialmente como gerente de la entidad, así como de realizar publicidad respecto a su empresa, son variantes punitivas que tendrían el efecto de disuadir y desmotivar sus conductas codiciosas”. En lo familiar, educativo, político, nacional y en las Naciones Unidas hay que combatir a los delincuentes de cuello blanco. (O)

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