Martes, 21 Marzo 2017 00:00 Columnistas

La comercialización de nuestros recursos agrícolas

Víctor Mendoza Andrade

El aprovechamiento de los recursos naturales renovables para la producción agrícola ha sido la base común para el desarrollo humano.

Sin embargo, las diferencias en los intercambios de la producción agrícola que se exporta desde los países productores primarios en relación con los productos que se importan de los países desarrollados generan asimetrías lesivas para el progreso de los países subdesarrollados favoreciendo los intereses de los países industrializados.

Esta situación se acentuó con el progreso tecnológico agrícola iniciado con la Revolución Industrial estableciéndose el criterio intensivo de la agricultura basada en la obtención de la mayor producción por unidad de superficie con la menor inversión financiera conseguida reemplazando mediante los procesos de tecnificación y el reemplazo de la energía humana por el empleo de la energía procedente de los combustibles fósiles.   

Los rendimientos de la producción de los cultivos de exportación obtenidos mediante los métodos practicados por la agricultura tradicional de  los países subdesarrollados (como el nuestro) tienen promedios muy bajos comparados con los obtenidos en cultivos similares mediante las herramientas y métodos tecnificados de los países desarrollados.

Esta situación ha dado como consecuencia el permanente y urgente requerimiento de la tecnificación del sector agrícola, y el consiguiente ofrecimiento de los gobiernos de turno de emprender amplios programas de la modernización de esta actividad básica del país; y de hecho, en los países del tercer mundo, ricos en recursos naturales (suelos, agua, climas benignos), la tecnificación ha sido introducida por los empresarios en sus plantaciones con mercados asegurados para sus productos de exportación, estableciendo una brecha evidenciada por sus altas producciones, en comparación con los pobres rendimientos obtenidos por los productores que no han tenido los medios para acceder al progreso tecnológico; resulta preocupante que esta brecha no solo ha separado al productor de su acceso a la tecnología, sino también a su capacitación. No es extraño observar que nuestros centros de capacitación a todo nivel privilegian el conocimiento tecnológico sin investigar los efectos de las técnicas introducidas para la explotación desmedida de los recursos naturales renovables, con esta lógica establecida por la producción intensiva la tecnología y el técnico más eficiente serán los que obtengan la mayor producción al menor coste financiero.

Los resultados devastadores de los recursos naturales observados como consecuencia de la aplicación de estos criterios, sin que estos sirvan para el desarrollo de los países de donde provienen estos recursos, fueron motivo de preocupación de la comunidad científica internacional para lograr solución, a lo cual se añaden las consecuencias del calentamiento global originado por la actividad humana. Aquello evidencia que el problema no es únicamente técnico, sino también político, lo cual debe resolverse mediante la participación de todos los países del planeta, por lo tanto, en nuestro país se requiere plantear sólidas políticas para el desarrollo agrícola con la participación de todos los sectores que sirvan de soporte en nuestras relaciones del comercio exterior de nuestros recursos. (O)

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