La ciencia y el Diálogo Nacional

| 01 de Julio de 2017 - 00:00

El presidente Lenín Moreno a través de un decreto institucionaliza el Diálogo Nacional. Interesante iniciativa en una época  de posiciones polarizadas. Pero en el diálogo, hay cuestiones que no son transables: combate a la pobreza, inequidad, redistribución, pago de impuestos, economía social y solidaria, buen vivir, salud, educación; la vivienda, la paz, el Estado como administrador de los sectores estratégicos, entre otras.

En la lista de los sectores claves del diálogo no se convoca a la ciencia e investigación. No sorprende. Ha sido habitual que estos sectores sean relegados. Basta ver los datos sobre la producción científica ecuatoriana y el lugar que ocupa Ecuador en el ranking de países.

En términos generales seguimos en el puesto 95 (1996-2015 con 7.942 artículos). Aunque al hacer análisis por años, el 2015 es el mejor, pues estuvimos en el puesto 80 con 1.418 artículos científicos contabilizados. Como referencia, Estados Unidos está en el primer puesto y tiene 9,4 millones de artículos científicos desde 1996, y 567 mil solo el 2015.

Tradicionalmente al faltar dinero en el Estado, lo primero que se hace es recortar el presupuesto de ciencia y de investigación, incluso llegando a la inanición investigativa. Existe el ofrecimiento gubernamental que para el 2017 se invertiría el 0,78% del PIB para la investigación, pero en la práctica no ocurre. Según el Banco Mundial la inversión es de 0,4% para Ecuador, frente al 4,04 de Corea, pese a que Senescyt habla de 1,9%.

Las propias universidades, por ejemplo, aún no alcanzan la inversión del 6% de sus presupuestos en investigación, lo que se refleja en el escaso número de investigaciones. La ciencia y la investigación no necesitan justificativos para obtener apoyo estatal; son la esencia del desarrollo: salud, energía, ambiente, etc. Solo se entiende el progreso a partir de planes científicamente diseñados y basados en datos investigativos.

Es costumbre incluir al desarrollo científico e investigativo como un tema de educación o cultura, y que no reconoce su especificidad. Y en el diálogo nacional no consta la ciencia y la investigación, cuando al frente de este anhelado diálogo deberían estar investigadores y la propia Senescyt.

Juntos, investigadores y autoridades de ciencia, deberían resolver las cuestiones que aquejan al sector: financiamiento regular, seguridad laboral y remuneraciones, costos reales, incorporación de tecnologías, desburocratización de procesos, soberanía e independencia investigativa, alianza público-privada. ¡Quizá ocurra! (O)

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