Viernes, 04 Noviembre 2016 00:00 Columnistas

La carta que no se contestó

Ilitch Verduga Vélez

En el  habitual programa de noticias Contacto directo, de la estación televisiva Ecuavisa, en semanas pasadas se desarrolló la entrevista al experto en política internacional Patricio Mery. En dicho interviú en el menguado intento de atacar al Gobierno nacional, el entrevistador  quiso comparar al régimen de la revolución ciudadana con el de Pinochet, afirmando “Chile estuvo muy estable con Pinochet”, un cotejamiento inadmisible desde cualquier punto de vista, y que, estoy cierto, aun los peores enemigos de Rafael Correa rechazarían, pues no puede haber parangón entre una conducción surgida de elecciones democráticas y de aquella que destruyó el  sistema constitucional chileno, que fusiló a millares de sus habitantes, torturó a decenas de miles de personas, amparó a culpables de violaciones sexuales de centenares de mujeres y niños y fue y es responsable de la forzada desaparición de miles de sus ciudadanos, hasta el momento sin noticias para sus familias. Que además generó el exilio de un cuarto de millón de chilenos por causas políticas en primer tiempo, luego por la atroz situación laboral, surgida de la gestión nefasta de los chicago boys, que cambió para mal la fisonomía social en su larga y angosta geografía y la sumió en la crisis de confianza que se mostró en los últimos comicios municipales, donde casi el 75 % de los electores se quedaron en sus casa y no votaron.

El hecho mediático que analizamos, deleznable bajo la lupa  de cualquiera, originó la reacción viral en las redes sociales, durante  varios días, con opiniones que lo censuraban acremente. En los días subsiguientes y en esas mismas formas de comunicación, junto a la inundación de mensajes llenos de ira e indignación por el desliz del presentador,  exigiendo  rectificación y disculpas del actor de la acción nociva y, o, del medio televisivo, se publicó una carta del señor Nicolás Reyes Morales, chileno  asentado en nuestro país desde hace décadas  y dirigida al presidente del consorcio televisivo. En verdad no conocemos si la misiva llegó al destinatario y, en consecuencia, si fue contestada y obviamente cumplidos los pedidos que en ella se hacían. Mas todo hace pensar que no y por ello es importante que todos los que vivimos en este país estemos alertas sobre el significado de que las ideas de un pasado nefasto  se puedan volver a repetir, basados en el pensamiento tradicional de que la libertad de empresa está sobre la libertad de expresión. Y aunque se diga que tal dicotomía es obvia, amerita una reflexión profunda, a la luz de nuestra Constitución, Ley de Comunicación, los convenios internacionales firmados por el Ecuador. Y hay que abordarlo en toda su significación; no se puede permitir falsear de manera impune verdades históricas por proditorios fines electorales  o comerciales.

Hoy, después de  44 días del insólito suceso periodístico -que esperamos no se repita- debemos insistir en los principios éticos para todos los que trabajan en la prensa o los que transitan con sus opiniones  en los medios de cualquier modalidad, que no son otros, que la veracidad en los juicios y adjetivos que se emitan. Deben de provenir del conocimiento real de los hechos; la noticia debe ser contrastada debidamente; el análisis periodístico, por el hecho de ser publicado, no se convierte en una bula papal ni en un auto de fe.    

En la actual circunstancia electoral es fundamental que todos nos atengamos a la seriedad de la propuestas de los candidatos, que analicemos su historial político y ciudadano, y los caminos que optaron en el caminar ideológico. Lo exigen los pueblos, y en el caso del incidente ingrato sucedido en ese intervalo televisivo que relatamos, mis disculpas a las 40.000 víctimas de la dictadura fascista, agraviadas injustamente. Y a quienes “buscaron exilio a causa de la brutalidad y la violencia en Chile”, mi solidaridad total, y reiterarles que es lamentable que la carta no haya sido contestada. (O)   

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