La capacitación para la producción sostenible

- 03 de enero de 2017 - 00:00

En el anterior artículo comentamos que la explosiva multiplicación de la población humana  comprobada a partir del 1800 a la presente está sobre los 7.000 millones. De lo cual se deduce que los habitantes del planeta, en 2050 alcanzarán los 9.700 millones y para el año 2100, serán de 11.200 millones de personas, debido principalmente al crecimiento demográfico en los países en vías de desarrollo, según el informe Revisión de las Perspectivas de Población Mundial (ONU).

Estas proyecciones significarían que los países favorecidos económicamente serían los agrícolas productores de alimentos. Sin embargo, las opiniones de los analistas en relación a los resultados económicos beneficiosos para el desarrollo son adversas. Los productos agrícolas primarios son de bajo precio financiero mientras que los insumos y las herramientas para aumentar la producción son altos. En lo que respecta a la producción agrícola de nuestro país la situación es aún más difícil,  pues somos exportadores principalmente de frutas y flores a diferencia de los que exportan productos agrícolas para obtener proteínas.

Esta reflexión nos recuerda que la producción agrícola depende de los recursos naturales del medio ambiente: suelo, agua, luz (fotosíntesis), y para aumentar la producción más allá de la normal, necesitamos recursos tecnológicos muchos de ellos artificiales como son los insumos sintéticos y herramientas que son elaborados por los países desarrollados y son de costosa adquisición.

Esta tecnología derivada de los conocimientos científicos fue la respuesta eficiente para aumentar la producción agrícola y alejar el fantasma del hambre pero a corto plazo demostró ser altamente contaminante del ambiente y depredadora de los recursos naturales. Las consecuencias negativas comprobadas alcanzaron tal relieve que fueron analizadas en 1992 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (popularmente conocida como la Cumbre de la Tierra) en Río de Janeiro, Brasil. Donde se estableció oficialmente como norma para la explotación de los recursos naturales la producción sostenible, con la cual se lograría no sobrepasar los límites del umbral de resiliencia de los sistemas naturales.   

Para alcanzar estos objetivos es necesaria la revisión de la capacitación de los profesionales agrícolas cuyo entrenamiento ha tenido como objetivo ideal la aplicación de los conocimientos de la tecnificación de la agricultura para alcanzar los más altos niveles de productividad sin reparar en las consecuencias de la contaminación y la sobreexplotación de nuestros recursos naturales renovables necesitando una revisión de los paradigmas establecidos por las transnacionales y sociedades de consumo que fueron transferidos como máxima aspiración a los técnicos de los países en desarrollo abriendo una brecha tecnológica entre las empresas de producción agrícola de exportación con mercados asegurados y los pequeños productores que tienen acceso a los indicados mercados vía intermediarios. (O)