La batalla oculta

- 20 de abril de 2017 - 00:00

Con el acto celebrado el 18 de abril, en el coliseo Rumiñahui, el Consejo Nacional Electoral atendió debidamente el pedido inicial de recuento parcial de la votación dada por la ciudadanía en las elecciones del 2 de abril; acto efectuado con la participación de centenares de observadores, autoridades electorales, delegados de Alianza PAIS, oficiales de las Fuerzas Armadas y de la Policía, a la vez que solemnizado y certificado por numerosos observadores internacionales, la OEA incluida. Los representantes de los peticionarios que debían acudir en nombre de CREO-SUMA brillaron por su ausencia.

Y es que previamente habían cambiado su solicitud inicial de un recuento parcial por la ilegal y astronómica petición de que se contaran todos los votos emitidos en la segunda vuelta, es decir, cerca de 12 millones. De haber sido esto posible, allí los tendríamos a los delegados del binomio perdedor Lasso-Páez haciendo líos en la verificación de cada voto a cuenta del supuesto fraude que ellos alegan, para que la proclamación del binomio victorioso Lenín Moreno-Jorge Glas demorara por los siglos de los siglos, amén.

Ahora debemos esperar nuevas maniobras dilatorias, como el calentamiento de las calles efectuado por grupos y militantes de la alianza derechista derrotada, fuesen pagos o simplemente fanatizados por la propaganda y las consignas venenosas de la ultraderecha, cuyo objetivo inalterable es y será impedir la gobernabilidad del presidente electo por las mayorías, para que fracase todo intento de continuar, profundizar y mejorar la política de la Revolución Ciudadana, que tantos logros ha tenido en esta década a favor de los sectores pobres y vulnerables de la sociedad ecuatoriana.

En la candente contienda electoral que vivimos, está presente un enfrentamiento de dos modelos irreconciliables: el de los necesarios cambios políticos y sociales con Lenín Moreno, y el neoliberal de la ultraderecha: privatización de la educación, la salud pública, la seguridad social, las diversas empresas del Estado y, de paso, el despido masivo de servidores públicos, la rebaja de los salarios y horas de trabajo en las empresas privadas, a lo que se agrega la consolidación del imperio mediático ejercido por un conjunto de medios especializados en la desinformación, la mentira y la calumnia.

Todo esto sin contar con que detrás del proceso electoral ecuatoriano hay una batalla oculta que libra la patria de Eloy Alfaro y toda América Latina contra la dominación norteamericana, ávida por recuperar mercados, apoderarse de nuestros grandes recursos naturales, volver a los gobiernos colonizados y convertirnos en bases militares para consolidar la política de dominación mundial en que se hallan febrilmente empeñados los señores de la guerra: los fabricantes de la industria bélica más descomunal de todos los tiempos, que se mueve tras el Pentágono, al cual Donald Trump acaba de dar muestras abiertas de adhesión con el incremento del presupuesto de defensa y los bombardeos de Siria y Afganistán.

Esta batalla oculta debe ser denunciada y esclarecida para que la comunidad ecuatoriana en su conjunto comprenda que aquí, en nuestro pequeño país, la lucha liberadora será más dura y prolongada de lo previsto, pues detrás de las ambiciones de un banquero y las bravuconadas de un fascista incendiario, están los designios de dominación mundial que alimenta el imperio más grande y bárbaro que ha sufrido el planeta Tierra. (O)   

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