Juana Estrella Aguilar

- 28 de Enero de 2017 - 00:00

Cuenca aporta de manera notable al teatro ecuatoriano, particularmente en el género de los monólogos y la comedia. En esta línea de producción artística, Juana Estrella Aguilar es un ícono. Desde su interpretación en ‘Monólogos de la escoba’, sobre el semanario humorístico cuencano de los años 60 que satirizaba la vida ‘morlaca’ y sus personajes, como sobre las costumbres tradicionales cuencanas de ‘La agüita de vieja’ y ‘Los pristiños de la Miche y la Tomasa’. También interpretó con excelencia y versatilidad a los personajes históricos de las Juanas europeas, con lujo de humor y arte dramático en ‘Juana la loca, loca la Juana’.

Sus presentaciones muestran la pasión que pone en cada actuación, con notable habilidad para interpretar, en la misma obra, los más diversos personajes, con maestría, gracia, y muy austeros recursos escénicos. Ese es el caso de su última presentación ‘Penélope’, con la obra preparada y dedicada a ella por Jorge Dávila Vázquez, en donde la mezcla magistral del humor y el arte dramático produce las emociones que arrancan sonrisas, risas y lágrimas en los espectadores.

Allí mezcla la figuración histórica del personaje con las costumbres tradicionales de la ‘Cuenca de los Andes’, para plantear y reclamar los abandonos machistas de quienes migraban dejando a las mujeres solas al cuidado de los hijos. Mezcladas con el humor están las interpretaciones dramáticas, como ‘La Magdalena’, trabajada con la participación literaria de Viviana Cordero. O la interpretación formal de la abuela en la película En el nombre de la hija.

La influencia en su obra viene de los tiempos del Teatro La Pájara Pinta, de Jorge Dávila, de Fabián ‘Choquilla’ Durán. Ella, con sus 30 años de vida artística y 15 viviendo en Quito, se mantiene cuencanísima, “tan cuencana como el mote pillo”. Y dice que “hace teatro porque miente sin culpa”, pero la verdad no es que miente, porque la mentira pertenece a la narrativa, sino que, muy prosuda, se burla de todo y de todos sin ninguna culpa. Por eso asegura que “el humor es la forma más seria de decir las cosas”.  

Todos sus trabajos, de notable factura, muestran el exigente trabajo de preparación y ensayo, su constancia y dedicación, para mantener atento al público, sin pestañear, por cerca de noventa minutos. Y esto casi siempre con auditorios llenos, en los teatros de Quito, Guayaquil o Cuenca.

Es un encanto verla y admirarla en el escenario, como lo es tratarla y disfrutar de su simpatía en la vida real, aunque sea difícil diferenciar cuál es, para ella, la vida real. (O)